“Para conocer la realidad hay que adoptar una actitud de compromiso con ella”

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pag14_movimientos1_web-3.jpgIñaki Gabilondo acaba de recibir al comenzar este otoño los premios “Carandel” de periodismo parlamentario y “Periodistas Vascos” de la Asociación Vasca de Periodistas. Gabilondo hace ahora entrevistas en Canal Plus y mantiene un videoblog diario en las ediciones digitales de El País y la Cadena Ser. El pasado 5 de octubre fue el encargado de inaugurar el curso en el Foro Gogoa, con una charla titulada “El comienzo de otra época: La función del periodista y de los medios”.

¿Qué factores determinan la crisis actual del periodismo?

A la crisis mundial que atravesamos, que anuncia el final de un sistema de imposible crecimiento continuado de la economía y que, en lo inmediato, ha traído una caída vertiginosa de la publicidad, hay que añadir los galopantes cambios tecnológicos y el deterioro de la idea de servicio público. Han desaparecido en todo el mundo cabeceras famosas de prensa y se han destruido miles de empleos entre periodistas y técnicos de los medios. No se sabe cuál va a ser el futuro tecnológico, pero la función del periodista va a seguir siendo precisa. Siempre habrá alguien que tiene algo que contar y alguien que tendrá que conocer ese algo. Pero los periódicos , las radios y las televisiones hace mucho que no se preocupan de saber qué tienen que contar. Sólo se preocupan de contar cuántos lectores, oyentes y espectadores tienen.

¿Cuál es la función del periodista?

La palabra periodista es polisémica y con ella se designa a quien ofrece productos de calidad informativa y a quien produce verdadera bazofia. Pero, si atendemos al buen periodismo, el periodista no es propietario de su oficio sino administrador del derecho de la ciudadanía a estar bien informada. El periodista es un trabajador que siempre está de guardia y sirve a los ciudadanos para controlar al poder. Y no al revés, alguien que sirve al poder para controlar a los ciudadanos. Lo que define al periodista es la honradez, la decencia. El periodista puede tener su propia ideología, pero lo que hay que exigirle es una mirada leal sobre las cosas. Los periodistas, además de contar lo que pasa, podemos contar lo que queda tras los acontecimientos y la actualidad, lo que al fin es importante. Y, como decía el gran periodista polaco Kapuscinski, la materia prima de nuestro trabajo es la gente, los grupos humanos y las personas concretas con nombres y apellidos.

¿Qué es lo que define al buen periodismo?

La credibilidad. La honestidad y pluralidad. La verificación de las fuentes. Como en otros productos industriales habría que conocer la trazabilidad de las informaciones que se nos ofrecen, todo el recorrido desde el escenario en que se han producido hasta que se publican.

Usted ha escrito que “la gente no tiene respeto a los medios, les tiene miedo”. ¿Por qué?

Porque pueden hacer mucho daño. Si hubiera una lista de damnificados por el periodismo, sería una lista muy larga. Hay muchas veces información no contrastada. Y hay un periodismo matón. Si el periodista no maneja con verdadera delicadeza su poder, que puede ser un cañón letal, puede producir la ruina de personas, de empresas o de grupos. Una información no certera, no ajustada, puede hundir una vida. En esta noble profesión se ha hecho mucho daño y no ha habido la suficiente autocrítica.

El prologuista de su último libro, Joan Barril, dice que “la opinión pública se consolida a base de la repetición de falsedades”. ¿Qué le parece?

No comparto tal cual esa opinión. Joan Barril es amigo mío y sé lo que quiere decir. Se refiere a que ahora la información es muy rápida y se transmite sin matices. Por ejemplo, el contenido de un libro blanco que prepara un ministerio o el de un informe de cientos de páginas se despacha en los medios en unas pocas líneas o en un par de minutos. Y no se puede hacer de otra manera porque la gente no tiene tiempo para conocer las cosas en profundidad. Si se les dedicara más espacio la gente no las leería ni escucharía. La actualidad acelera a los medios y así ocurre que están a veces más cerca del lenguaje de la publicidad que del lenguaje de la información. Es difícil explicar los complejo en pocas palabras. Y algunas frases breves, muy repetidas, se meten en el cerebro de la gente, como pasa con los eslóganes publicitarios.

Foto: Ibán Aguinaga.Libertad frente a seguridad. Revelación de abominables secretos de estado. ¿Qué enseña la experiencia de Wikileaks?

Más que el hecho concreto de lo que reveló, las miserias de la diplomacia de los Estados Unidos, lo que nos anunció fue el comienzo de un mundo sin secretos. Pero, ¿estamos preparados para vivir en un mundo sin secretos? Se avecina un alud de posibilidades informativas que puede resultar amenazador. Sobre todo si faltan interpretación y contextualización para interpretarlas. Por eso yo les digo a los futuros periodistas que, además de para utilizar las herramientas de las nuevas tecnologías, se preparen para discernir la esencia de las cosas, la verdadera realidad, de todos sus adornos. Vemos en tantísimos canales diversos de televisión tal cantidad de películas e informaciones diferentes que corremos el riesgo de confundir la realidad con la ficción. Tanta mezcla termina anestesiando, narcotizando. La información no siempre produce conocimiento, pero lo que cuesta mucho es que la información y el conocimiento nos lleven a la acción.

Es famosa aquella frase de Elliot: “¿Dónde está la sabiduría, dónde está el conocimiento que hemos ganado en información?”

Sí, claro. Para poder aspirar a un mayor conocimiento de la realidad hay que saber adoptar una actitud cívica de compromiso con esa realidad, implicándose en ella y tratando de entenderla a través de ulteriores actividades.

La información es un bien público, pero ofrecerla con calidad cuesta. Accedemos a ella gratis en Internet y no estamos dispuestos a pagar. Hay un debate abierto sobre si habrá que financiar con fondos públicos a quienes produzcan información de calidad.

Ahora la publicidad en Internet no alcanza a cubrir un 10% del coste de las páginas digitales de los periódicos. Yo creo que si la ciudadanía valora la información de calidad, porque la necesita, entenderá que tendrá que pagar algo por acceder a ella. Estamos en un cambio tecnológico estremecedor, en una nueva época de la comunicación. Todo es incierto.

Un control previo de la información por el consejo de RTVE pone los pelos de punta. ¿Cuál es la función de la radio y televisión públicas?

Lo sucedido anticipa lo que podemos esperar si el Partido Popular gana las elecciones: adiós a la libertad de los profesionales; pero el representante del PSOE se abstuvo vergonzantemente. La radio y televisión pública, libres de publicidad, deben cuidar el servicio público y cubrir aquellas informaciones que otros medios no alcanzan y que interesan a la ciudadanía. Sin la radio pública hubieran muerto Beethoven y la música clásica. Hay elementos sustanciales de nuestra vida y patrimonio comunitarios que no son rentables y que deben tener su expresión en ese espacio público.

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