¿Hacemos la compra?

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Una parte del personal del Carrefour Express de Padre Xifré, en Madrid, donde se ha lanzado un proyecto pionero de accesibilidad. Habitualmente se ejecutan acciones de manera ordinaria por ser necesarias para el buen discurrir de los días. Son tareas de la vida diaria que, por ejemplo, en casa, si se pone orden y planificación, una persona con discapacidad visual puede acometer con garantías, pero… ¿qué ocurre cuando tiene que salir a la calle y ya no depende solo de él?

Esto sucede cuando nos planteamos hacer la compra pequeña o grande: ¿dónde vamos?, ¿cómo nos apañaremos? Son cuestiones lógicas porque, seguramente, la persona ciega o deficiente visual teme tanto las barreras físicas que se pueda encontrar como quizá el desconocimiento sobre cómo tratarnos. Entonces, ¿cómo obrar con garantías de éxito en esta labor aparentemente fácil?

Pensad por un momento en taparos los ojos cuando estamos en un supermercado y tenemos que hacer la compra, buscando sin ver productos básicos como leche, yogures, galletas o conservas. Si llegar hasta ellos en ese entorno con múltiples pasillos, estantes, clientes con su cesta o carrito es complicado, lo es mucho más poder seleccionar entre la gran cantidad y variedad de productos que existen hoy en día, además de marcas, tamaños y formatos de presentación.

Existen algunas soluciones puestas en marcha para resolver esta situación, como la asistencia a personas ciegas en los comercios o el servicio de compra telefónica o por medio de Internet, siempre que las páginas sean accesibles y que los usuarios y usuarias tengan familiaridad con las tecnologías, algo que, en muchos, casos no sucede. Sin embargo, lamentablemente, estas opciones no están disponibles en la mayoría de los casos o bien suponen un mayor coste para el consumidor ciego o deficiente visual, debido a los gastos de preparación y envío.

Por ejemplo, en Argentina hay carritos de la compra adaptados para personas que utilizan sillas de ruedas. Por lo tanto, hoy en estas líneas es necesario reivindicar a quien competa nuestro papel activo como consumidores y consumidoras. Como dicen ahora, somos un nicho de mercado a explotar específicamente y quien primero se implique se llevará todo el pastel. Tenemos derecho a elegir y comprar en supermercados y grandes superficies, en las mismas condiciones que el resto de la ciudadanía, pudiendo conocer la variedad de artículos del mercado, las ofertas de cada momento, así como los ingredientes o la fecha de caducidad del producto que nos llevamos a casa.
Hasta ahora, cuando he ido a realizar una compra solo, me he visto obligado a tener la suerte de encontrar personal que sepa y haya querido ayudarme pues, en ocasiones, es tan ingente su trabajo que, aunque quieran, no pueden. Por eso, suelo ir a horas no masivas y a lugares que ya sé que me tratan amablemente y cuentan con personal de sobra para mi atención personalizada.

Existe un caso que debemos resaltar en Madrid, pues se trata de la primera experiencia en este asunto con garantías de éxito. En la calle Padre Xifré 3, desde diciembre de 2013, hay implantado un Carrefour Express en el que trabajan trece personas de las que diez cuentan con una discapacidad. Festinado por la empresa Galenas de Fundación ONCE, ha puesto en marcha todo lo que siempre hemos demandado. Sillas de ruedas para el que la necesite, cajas registradoras a una altura más baja, pictogramas con información visual, bucle magnético y, sobre todo, una atención personalizada en este tipo de venta.

Resumiendo, deben establecerse mecanismos para garantizar el servicio con medidas de apoyo para la compra asistida a personas ciegas y deficientes visuales en todos estos establecimientos. Además, de forma complementaria, estas cadenas de distribución deberían ofrecer el servicio de compra a distancia, tanto por teléfono como por medio de páginas web accesibles, sin que esta alternativa suponga un mayor coste para la clientela ciega o deficiente visual, con soluciones como la recogida en los centros por parte del cliente o gratuidad en ciertos envíos. Sin duda, con estas garantías una persona ciega podrá hacer su compra disfrutando de ella, seguramente con buena compañía y no como un suplicio sin saber bien lo que ha adquirido o si le han engañado o no. Hagamos, por tanto, centros comerciales más humanizados y con trato más personal, ganaremos todos y todas.

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