Enmudecer a la juventud

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Una reunión del Consejo de la Juventud de España. Al tiempo que la democracia se iba consolidando en España, una ley orgánica en 1983, hacía nacer al Consejo se la Juventud de España (CJE). Una plataforma de entidades juveniles de toda índole: políticas, sociales, sindicales, de ocio y tiempo libre y también cristianas. La Confederación de Centros Juveniles Don Bosco de España, la Federación de Entidades Cristianas de Tiempo Libre (Didania), Juventudes Marianas Vicencianas (JMV), Juventud Obrera Cristiana (JOC), el Movimiento Scout Católica (MSC), Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Idente han sido y son parte de esta Institución, voz de la juventud española asociada y representante de cara a la administración. Desgraciadamente, la reciente aprobación a principios de septiembre de la Ley de Reforma de las Administraciones públicas ha hecho que este Consejo quede eliminado.

No todo lo realizado por el CJE se puede reconocer como éxito: el empobrecimiento del asociacionismo juvenil o diversas polémicas ante la identidad sexual o la promoción de anticonceptivos han generado desacuerdos. También es cierto que una de las mayores riquezas que tiene el CJE es la de concentrar múltiples realidades y mentalidades juveniles asociadas pese a su diversidad. Esto permite a los movimientos cristianos conocer y trabajar en la búsqueda de objetivos comunes y ofrecer su trabajo y la vida de las personas que participan representando a las entidades cristianas como testimonio de su estilo de vida. “La participación de las entidades cristianas no es algo nuevo, han estado presentes siempre en el CJE y ello es una clara muestra de la pluralidad que recoge esta Institución, tan importante es que estén ellos como el resto de entidades sociales, políticas, sindicales y autonómicas”, señala Héctor Sanz, presidente del CJE.

El cierre del CJE no solo echa al traste una oportunidad de seguir trabajando por la juventud, sino que, sobre todo, coarta la libertad de expresión y de participación de las y los jóvenes asociados y no asociados a los que también representa el CJE. De hecho, las propias entidades cristianas del consejo se han posicionado en contra de este cierre porque consideran que, independientemente de las creencias de cada asociación, merece la pena seguir apostando por un espacio de trabajo, iniciativas, formación, incidencia política y pública y presencia en la sociedad civil para los jóvenes y organizado desde los jóvenes.

La opción de Cristo fueron siempre los seres humanos más desfavorecidos y, teniendo presente el contexto actual, no podemos negar que la juventud está hoy necesitada. Esa visión de seguir trabajando por la promoción de las personas excluidas impulsa a las entidades cristianas a seguir luchando por la permanencia del CJE y porque los chicos y chicas no pierdan su voz.

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Entrevista a Ángel Gudiña, vocal de la comisión permanente del CJE

Pudimos localizar a Ángel entre aeropuerto y aeropuerto, él combina su jornada laboral con la vocalía dentro de la Comisión Permanente del CJE. En ella es el responsable de la Comisión de Relaciones Internacionales (CRI). Esto significa que combina la relación institucional con Europa, a través del Youth Forum, con otros consejos de la juventud del sur de Europa y la gestión del nuevo programa europeo Erasmus+, en el que el CJE forma parte de la Agencia Española. Así que le agradecemos el tiempo que pudo dedicarnos.

¿Cuál es el papel de las entidades cristianas en el CJE?

Los jóvenes que militamos en entidades cristianas tenemos la obligación, desde mi punto de vista, de hacer nuestra esa constante llamada del papa Francisco de salir de las sacristías y el CJE es un foro ideal para hacerlo. Para ser la voz joven de una Iglesia criticada en muchas ocasiones por estar alejada de la realidad. Es, sin duda, una manera de evangelizar, directa e indirectamente, porque la gente en ocasiones se muestra “sorprendida” conociendo a jóvenes creyentes “normales y corrientes” y siente curiosidad por saber “cómo lo llevamos” y eso te da ocasión de hablar de tu fe, con mayor normalidad incluso que con otros creyentes, con los que muchas veces no tratamos esto porque no surge la ocasión.

La labor del CJE y la presencia de los cristianos y cristianas se ha puesto en entredicho por la promoción del preservativo o el posicionamiento frente a los
colectivos LGTB. ¿Tiene sentido tanta crítica?

Ante una pregunta de este tipo, me encanta siempre responder con otra: ¿sucedería si no estuviéramos? La respuesta es sí y creo que debemos estar, muy a pesar de que nuestras visiones en ocasiones no sean apoyos y otras que van contra principios básicos de la doctrina de la Iglesia, como la defensa de la vida por encima de otros derechos. ¿Qué ocurriría si no estuviéramos? Pues que se aprobaría igual y que la voz de los jóvenes cristianos no se oiría. Si queremos cambiar la sociedad hay que implicarse como ciudadanos activos en la sociedad civil y en las instituciones.
Se han recibido muchos apoyos por parte de otros órganos juveniles a nivel europeo.

Una reunión del Consejo de la Juventud de España. ¿Qué apoyos habéis recibido por parte de la Iglesia?

Pues pocos. Si no me equivoco, creo que alguna diócesis en concreto sí apoyó al Consejo en el mandato de la anterior Comisión Permanente, pero la verdad es que no hemos recibido muchos, aunque desconozco la insistencia con la que se han solicitado. Es cierto que no hemos descartado, escuchando las proféticas palabras del papa Francisco en Río sobre la exclusión de jóvenes y ancianos de la actual sociedad, que según él “se pasó de rosca”, escribir al Santo Padre y pedirle que nos apoye, porque el CJE tiene como fin primordial ser la voz de los jóvenes organizados y promover que los jóvenes que no participan se impliquen en alguna asociación.

¿Cuáles son los pasos que aún podemos tomar para evitar el cierre?

Desgraciadamente, el cierre ya se ha producido, dado que la ley fue aprobada el 11 de septiembre y publicada en el BOE el día 18 del mismo mes, por lo que estamos en funciones, como organismo autónomo del Estado. Dicha ley indica que el Gobierno creará una Corporación Pública de base privada que asumirá las funciones, derechos y obligaciones del actual Consejo.

Sin entrar a valorar si es mejor ser público o tercer sector, lo que es criticable es que este proceso se haya hecho de manera unilateral por parte del Gobierno y no dialogado con las entidades juveniles que habían propuesto cambios durante los últimos ocho años y fueron desoídas por el Gobierno actual y el precedente.
Lo único positivo de todo esto es que, en la actual situación al menos, no se cuestiona la existencia del mismo gracias, sin duda, a la presión recibida desde Europa, dado que un Consejo de Juventud es imprescindible para la implementación de la Garantía Juvenil, el programa que aborda la inclusión de los jóvenes desempleados con menos oportunidades y que, desgraciadamente, está siendo implementado de manera nefasta en España, siendo el mayor receptor de fondos (casi 2000 millones de euros).

Dicho todo esto, solo nos queda negociar un Consejo que responda a los principios de independencia, autonomía, representatividad de las entidades y financiación de la estructura que permita cumplir lo que indica el artículo 48 de la Constitución y es que el Gobierno debe fomentar de manera adecuada la participación ciudadana. En caso contrario, solo nos queda crear algo por nuestra cuenta, que, evidentemente, será un camino mucho más largo y arduo y cuyo reconocimiento por parte de otros agentes sociales y políticos no será, ni mucho menos, inmediato.

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