Poblet: un ejemplo monástico de conversión ecológica

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Foto. Ramón Bonet CCConscientes de las normas fundamentales según las cuales se rige nuestra vida; conscientes de las enseñanzas de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de nuestra tradición monástica, conscientes de la urgencia de los problemas medioambientales que sufre la Tierra y que pueden afectar gravemente la supervivencia de la humanidad en la Tierra y causar la destrucción de este don divino, nos proponemos fundamentalmente establecer en nuestras vidas de monjes y monjas y en nuestros monasterios una reconversión ecológica, energética y de recursos para paliar en la medida de nuestras posibilidades los impactos negativos que pueden causar nuestros monasterios y a sentar las bases para una mejor forma de vida de las futuras generaciones de monjes y monjas”.

El párrafo anterior procede de una Declaración conjunta de los monasterios cistercienses de Cataluña (Poblet, Solius, Vallbona y Valldonzella) de 2009, tras un proceso de dos años de reflexión. El texto no ha quedado, como tantas otras solemnes declaraciones, en papel mojado. Rápidamente, el monasterio de Poblet, verdadero buque insignia de esta “conversión ecológica”, se ha puesto manos a la obra, gracias al impulso del prior, P. Lluc Torcal. En solo tres años el resultado es espectacular: el monasterio ha reducido un 50% sus consumos de combustibles fósiles mediante la instalación de placas solares y un 80% el de agua. Además, se han eliminado todos los productos de limpieza químicos, se ha restaurado el bosque ribereño y se ha recuperado el huerto: 850 m2 donde los monjes cultivan patatas, tomates, cebollas y frutales, todo ecológico. “Después de nosotros tiene que venir otra generación y otra y otra y tienen que poder gozar de las mismas condiciones que hemos vivido nosotros”, afirma el prior, que es licenciado en teología, filosofía y física, con una tesis doctoral sobre la filosofía de la mecánica cuántica.

En realidad, la vida monástica tiene una larga tradición de convivencia armoniosa con la naturaleza, lo que hoy llamamos “una forma de vida sostenible”. Los monasterios han sido siempre espacios autosuficientes, que no han tomado de la naturaleza más de lo que podían reponer. Por desgracia, la forma de vida que ha traído la industrialización -y que también ha llegado a los claustros- ha ido llevando a un balance energético y de recursos negativo. “El hecho de que haya en estos momentos esta preocupación en la comunidad supone conectar con una tradición rica de servicio a la sociedad, que hoy es un servicio más valioso cuando los valores de la naturaleza no se están apreciando como se deberían. En ese sentido, Poblet puede ofrecer un testimonio muy valioso para la sociedad”, escuchamos decir al abad, P. José Alegre en el documental “El siglo XXI según Poblet”, de TVE. Y es que el sentido de la vida monástica no se queda de puertas adentro.

Así como toda conversión personal lleva tiempo, esta “conversión ecológica”, también. Poco a poco, empezando por hacer pequeñas cosas, con disposición al cambio y la ayuda de expertos –como el profesor y consultor ambiental, Josep Maria Mallarach–, la comunidad se ha ido haciendo consciente. “La principal causa de la crisis ecológica mundial es el estilo de vida consumista que hemos adoptado las sociedades más ricas, que nos negamos a detenernos y tomar conciencia de las consecuencias de nuestro estilo de vida”, leemos en la Declaración. Por eso, más allá de los meros ahorros en los consumos (que bienvenidos sean), es seguramente ese proceso de conciencia colectiva lo más valioso del ejemplo de Poblet.

Una toma de conciencia que tiene mucho que ver con la dimensión espiritual. “Ciertamente que existen causas [de la crisis actual] económicas, políticas o sociales, pero para todas las personas religiosas, que consideramos que existe una jerarquía de niveles de realidad, a la que corresponde una jerarquía de valores, las causas más determinantes las encontramos a nivel espiritual”. Los monjes y monjas tocan aquí un aspecto crucial. Cuando las personas descuidamos nuestra dimensión espiritual, por muy “religiosas” que seamos, acabamos olvidando lo que somos: criaturas vivientes integradas en una Creación amorosa que es don de Dios.

Por eso es tan importante que este ejemplo de “una forma de vida sostenible” lo estén dando personas consagradas que, a la vez, dan testimonio de la primacía de Dios. ¡Gracias, Lluc! ¡Gracias, monjes de Poblet, por mostrarnos que es posible vivir en armonía con el creador, las criaturas y la Creación!

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