Celebramos la diferencia

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pag15_movimientos_web-10.jpgEl viernes 3 de diciembre se celebra en todo el mundo el día europeo e internacional de las personas con discapacidad. Reflexionemos entonces en qué situación se encuentran actualmente las personas con discapacidad en este ya siglo XXI.

Unos 650 millones de personas viven con alguna discapacidad física, mental o sensorial, es decir el 10% de la población mundial, una de cada diez personas. De esta cifra, el 80% de las personas con discapacidad vive en países en desarrollo y, en su gran mayoría, se encuentra en condiciones de pobreza. Asimismo, en nuestro país ocurre algo similar, al contar igualmente con un 10% de personas con discapacidad, alrededor de cuatro millones, cifra nada desdeñable para ningún sector de la sociedad.

Se reconoce que las mujeres con discapacidad experimentan múltiples desventajas, ya que son objeto de exclusión debido a su género y a su discapacidad.

Cuando delegaciones de países visitan España, se quedan sorprendidas al comprobar la enorme cantidad de personas que ven por la calle caminando autónomamente con su bastón o su perro guía, hablando el lenguaje de signos con naturalidad, accediendo a los autobuses con su silla de ruedas o personas con discapacidad intelectual trabajando en algunos ayuntamientos como bedeles con toda la normalidad. Ante esta semblanza de nuestra sociedad, una pregunta surge de improviso: en el resto de países, estas personas con discapacidad… ¿dónde están?

¿No imagináis la respuesta? No se les ve por ningún lado porque claro que están, pero están encerrados en su propia casa.

La normalización en el trabajo, los transportes, el ocio y todas las áreas de cada persona potencian, como estamos comprobando, la tan oída integración o inclusión social. En muchas naciones se entiende que dando un sueldo de por vida a las personas con discapacidad, con ese esfuerzo solo económico ya está resuelto el problema y no se discierne la importancia de realizar esfuerzos más sociales que económicos para conseguir este objetivo de justicia social.

Aunque quede todavía mucho por hacer, en España tenemos suerte. Para terminar, os contaré un caso que me aconteció en la ciudad de Viena. Estando con mi mujer en unas vacaciones, nos dispusimos como dos turistas más a visitar el hotel Sacher, donde se degusta su famosa tarta de chocolate. Al poco de sentarnos en la terraza, llegaron tres personas ciegas que llevaban su bastón cada uno y, a corta distancia de nosotros, se pusieron a cantar para pedir así limosna.

Aquella imagen lo decía todo, en pocos metros se reflejaba el abismo de cómo se encuentra una persona ciega por haberte tocado en suerte un país u otro… y eso que Viena es una ciudad europea y avanzada.

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