Acogida evangélica en la carcel de Navalcarnero

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Tratan de crear, entre barrotes, un espacio de acogida, de libertad y de fraternidad. En la cárcel de Navalcarnero estamos trabajando en este momento un grupo de trece voluntarios y dos capellanes con el único objetivo de intentar apoyar y acoger desde el Evangelio a los muchachos que se encuentran allí privados de libertad. Todas las actividades que realizamos tienen un único fin: recuperar la dignidad de la que la cárcel, con toda su estructura, les priva. Intentamos que el lugar no les convierta “en presos”. Son personas que se encuentran ahí por diferentes motivos, pero no son presos porque, como personas e hijos de Dios, se definen por ser hombres libres.

Durante la semana hay diferentes actividades llevadas a cabo por el equipo de la capellanía. Existe un grupo que llamamos “de comunicación”. Se reúne todos los lunes por la tarde, alternando diferentes actividades y cuyo fin es compartir desde lo que ellos viven, sienten y aman. Hay un taller de guitarra los jueves por la tarde, porque también la música es un vehículo especial de libertad y relación entre ellos. Otro grupo llamado de “autoayuda”, donde los muchachos sacan lo mejor de ellos mismos descubriendo que pueden hacer mucho desde sus propias posibilidades, contando, además, con la ayuda del resto de los miembros del grupo. Los jueves también se reúne un grupo de catequesis en el que se reflexiona en torno a lo que puede ser la experiencia de la palabra de Dios en la propia vida y cómo esa palabra les puede ayudar a vivir su vida en la cárcel, cómo la palabra de Dios es liberadora y al mismo tiempo les abre a una realidad nueva. Los sábados por la mañana tenemos dos Eucaristías de fiesta y encuentro entre todos. Las celebraciones de la cárcel de Navalcarnero suponen un encuentro especial con el Dios vivo que está a su lado en cada momento viviendo sus mismas situaciones, un Dios que, como dice el papa Francisco, “está con ellos en sus celdas y no se desentiende de sus problemas, de sus dificultades y sus sufrimientos”.

Las Eucaristías son un momento donde, desde la escucha de la palabra de Dios, dejamos que nos llene de su fuerza y vida pero, a la vez, son un momento de encuentro con el hermano, un encuentro donde descubrimos que no estamos en ningún momento solos, un momento donde el abrazo, la ternura y la preocupación por los otros están presentes de un modo muy especial. En todo lo que hacemos en Navalcarnero estamos convencidos de que está presente un Dios liberador, un Dios Padre misericordioso que acompaña nuestro caminar y que nos llena de vida.

Esta vida liberada es también lo que intentamos transmitir de modo especial los dos capellanes que tenemos la suerte de poder acercarnos personalmente y acompañar a los muchachos en los módulos (el resto de los voluntarios no tiene esa posibilidad, solo pueden tener relación con ellos en el espacio común de la zona socio-cultural); un acompañamiento en el que descubrimos el rostro de un Dios especialmente presente en cada uno de ellos, donde intentamos llevarles la esperanza y el amor de Jesús vivo y doliente, un Dios que no les juzga, sino que permanece a su lado, con la única palabra del amor. Por eso nuestra responsabilidad es especial: transmitir ese amor desde nuestros gestos, palabras y testimonio, donde lleguen a descubrir en cada abrazo nuestro, en cada encuentro, en cada palabra, el amor y la ternura del mismo Dios.

Nos sentimos privilegiados y, especialmente, queridos y amados por ese mismo Dios que nos impulsa a compartir nuestro tiempo y nuestra vida con los más pobres. Sentimos que no estamos solos y, sobre todo, nos sentimos “familia”. La familia de Navalcarnero es una y está formada por todos los que cada día vivimos y estamos allí. Muchachos en prisión, voluntarios y capellanes, todos somos uno cuyo único fin es hacer que aquel horrendo lugar no nos deshumanice sino que, juntos, seamos capaces de hacer de ese lugar un espacio de acogida, de libertad y de fraternidad.

*Francisco Javier Sánchez González es el capellán de cárcel de Navalcarnero y párroco de la Sagrada Familia en Fuenlabrada (Madrid)

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