Por Comunidad Asamblea de San Carlos Borromeo
Entrevías, Madrid

Como tantas novedades que estamos viviendo en estos últimos tiempos, es necesario reconocer que el futuro se nos dibuja con demasiados grises, más allá del imperativo color que, como creyentes, estamos llamados a vestir. Estamos llamados a ser hombres y mujeres creyentes, por tanto, esperanzados. Esperanzados no en quimeras espiritualistas cuanto en la realidad de aquellos a quienes pretendemos acompañar: los empobrecidos.

Desde ahí, despedir una revista en papel y saludarla en formato digital conlleva un sentimiento agridulce. Exactamente igual que la alegría que nos produce encontrarnos en estos tiempos de distanciamientos sociales, si bien por recomendación sanitaria, estemos ayunos de esos achuchones que nos confortan y hermanan.

Como comunidad creyente, que apostamos por el embarramiento en las realidades sociales marginales y de exclusión, hemos convivido también con la querida revista Alandar siempre en esas fronteras -no lugares- que en la Iglesia se han conformado muchas veces contra otros hermanos y hermanas.

Nos gustaría que el mundo fuese diferente al que transitamos. Nuestro empeño en esa nueva humanidad no cesa. Es verdad que la adaptación a las nuevas realidades de comunicación se nos presenta con cierta dificultad: el olor del papel, la tensa alegría de mirar el buzón en espera del número mensual, la rotulación de los párrafos que nos parecen importantes para no olvidar… todo aquello que ha ido confirmando como ciudadanos creyentes estos años de historia. Sin embargo, mantener la mirada en el surco -tras nosotros- puede llevarnos a perder el horizonte cuya novedad siempre viene cogida de la mano de la esperanza, de la disposición al descubrimiento, de dejarnos desbordar por el “acontecimiento” de lo otro nuevo que nos llega…

Por tanto saludamos con gozo e ilusión este nuevo medio de comunicación. Siempre que nos ayude a seguir reconociéndonos como seguidores de aquel que “nos amó primero” y de quien hoy seguimos teniendo la oportunidad de sentirnos abrazados y acogidos en los últimos.

Así como el símbolo de Alandar nos acompañó estos años -la tortuga- que avanza segura, también nosotras estamos llamadas a no dejarnos obnubilar por las nuevas tecnologías en lo que tengan de individualismos, segregaciones o deshumanizaciones. Nuevas tecnologías sí, pero sin que estas colaboren en denostar el achuchón y el cruce de miradas.