Por José Luis Segovia Bernabé
Vicario para el Desarrollo Humano Integral y la innovación de la Archidiócesis de Madrid

Después de 37 años de vida, en los que recuerdo con especial cariño algunas colaboraciones mías en Alandar, casi siempre en el orden del Derecho penal, la exclusión y los valores del Evangelio, toca no tanto despedirse como cambiar el formato. El coronavirus y la crisis económica nos han obligado a reinventar nuestras formas de comunicarnos, a evitar tocar papel y, de paso, a evitar la tala de los bosques. Alandartambién con sus memorables cuadernillos- ha tratado de ser otra voz de Iglesia en momentos donde no era fácil el pluralismo. Como es lógico, en tantos años ha publicado cosas que me han gustado mucho y otras que me parecieron francamente mal. Pero esa es la gracia del asunto. Está bien que haya diversidad y que se pueda disentir fraternalmente sin romper la baraja. La libertad religiosa comprende no solo el derecho de manifestar públicamente las convicciones de la Iglesia, sino a hacerlo también al interior de esta. Pablo VI atinó con una de las más simples y felices definiciones de la Identidad eclesial: la Iglesia es coloquio. Es diálogo que prolonga el de Dios con su gente, el de la Palabra con el mundo en el que se encarna… Ojalá que Alandar siga siendo en el futuro un espacio para el diálogo sin crispación, para la crítica constructiva ayuna de acidez, para la protesta con propuesta, para generar una Iglesia y una sociedad habitables por todos, pródigas en cuidados mutuos y cultivo del anhelo de justicia. Muchos son los desafíos que tenemos por delante. Construir un mundo fraternal, luchando por la igualdad y mimando las diferencias, mientras se alienta la esperanza de las personas más vulnerables es uno de los desafíos que nos aguardan. Amigas y amigos: mucho ánimo y a empujar con humor y alegría para ser – empezando por cada quisque- una Iglesia con simplicidad evangélica, despojada de poder mundano, servidora de las mejores causas, mano larga del buen Dios, defensora de los desvalidos y abogada de las causas perdidas para que empiecen a estarlo menos. ¡Felicidades y ad multos annos!