Personas anónimas

La Hermanita de Jesús, Veva, en su capilla, en la aldea Tapirapé, en el Araguaia (Brasil)Llevamos mucho tiempo, demasiado diría yo, desayunando, comiendo, cenando, acostándonos… con noticias sobre corrupción. Cada vez son más las personas, los grupos, que se ven implicados en casos de corrupción. Da lo mismo el partido al que se pertenezca (aunque lo mismo, lo mismo, no es), el grupo profesional del que se proceda: empresarios, banqueros, jueces, la Casa Real… Todos enriqueciéndose a costa de la clase trabajadora, cada vez más trabajadora y cada vez más empobrecida.

Escuchando estas noticias, leyendo la prensa, una casi llega a pensar que todo es corrupción, que quien no roba es porque no tiene una bolsa cerca. Que no existe la ética ni la solidaridad con los demás. Y, ¿saben qué?, que eso no es cierto.

Acabamos de celebrar 30 años de alandar. Una publicación independiente, pequeña, sí, pero con un gran equipo, los primeros y los de ahora, con una calidad humana envidiable para mucha gente. Han sido hombres y mujeres que han puesto su tiempo, sus conocimientos y su dinero, sí, señor, también su dinero, al servicio de una causa en la que creían y creen. Muchas personas han sido las que a lo largo de estos años han apoyado e impulsado esta publicación, porque creían en un proyecto donde de antemano sabían que no se iban a enriquecer. Y apostaron por él.

Me vienen al pensamiento muchos hombres y mujeres, grandes hombres y mujeres, con quienes me he cruzado en mi camino. No voy a hablar de a los que ya se conoce y con quienes he tenido la suerte de compartir algún momento de mi vida, como Pedro Casaldáliga o Jon Sobrino.

Hoy me viene a la cabeza y al corazón el nombre, que no voy a decir por respeto a ella, de una religiosa perteneciente a la aristocracia de España. En sus años de colegio, en Madrid, hizo una visita al Pozo del Tío Raimundo. Cambió su vida. Se hizo religiosa y desde hace muchos años está en un sencillo pueblo de El Salvador, compartiendo la vida y la suerte de sus conciudadanos y conciudadanas, incluida una guerra cruel donde tuvo claro de parte de quién estaba, aunque ello conllevara un gran riesgo para su vida.

La Hermanita de Jesús, Veva, con los Tapirapés, en el Araguaia (Brasil)Recuerdo también a una hermanita de Jesús, Veva. Cuando la conocí llevaba 40 años viviendo en una casita de paja con los Tapirapés, en el Araguaia, Brasil. Ella y su comunidad vivían como uno más de los habitantes de la aldea. Eran respetadas y queridas por todos y todas.

En Tanzania me encontré con abuelas pobres, muy pobres, a las que se les habían muerto los hijos y las hijas. Ellas, cuando ya no tenían edad para criar hijos, habían acogido a sus nietos. Pero la mayor generosidad no era acoger a los que eran sangre de su sangre sino que también, una de ellas, tenía en su casa a los hijos de sus vecinos, muertos por el SIDA y sin ninguna otra familia que los pudiera acoger.

Muchas, muchas grandes y buenas personas me he encontrado en mis viajes por América, África y Asia, pero tampoco necesitamos irnos tan lejos para encontrarnos con buenas gentes. Recuerdo el artículo que José Luís Corretjé, escribió en el número de alandar del mes de marzo de este año sobre Cuca y Roberto. Una joven pareja que, junto a su hija Carmen, de dos años, han acogido en su casa a tres inmigrantes sin papeles: Abdalá, Abdelatif y Mamadou. Cuca y Roberto son solo dos de los nombres de tantas y tantos que luchan por que la hospitalidad no sea un delito.

Todas estas personas anónimas no saldrán en los medios, no se nos hablará de ellas, pero existen, están ahí, son mujeres y hombres con sencillez y heroicidad a la vez. Son la otra cara de la corrupción, de la falta de ética y del egoísmo.

1 comentario en «Personas anónimas»

  1. Personas anónimas
    Me ha gustado mucho el artículo. Yo soy una seguidora de la revista Alandar, no siempre la leo, pero si procuro hacerlo. Es una gran esperanza para todos que existan personas como las aludidas en el artículo. Yo procuro mantener mi esperanza siempre en pie, por encima de todas las injusticias que hay en nuestro mundo y lo hago porque no dejo de compartir esa esperanza con otras personas que están trabajando por los demás, que no dejan de luchar por la dignidad de todas las personas, por sus derechos, porque el Reino de Dios se instaure YA en nuestro mundo. Es bueno que no hagamos el camino en solitario, es bueno que nos apoyemos en los momentos duros y difíciles para seguir caminando y sobre todo es bueno que sigamos adelante, a veces avanzando dos pasos y otras uno solo, pero seguir en el camino y por supuesto contando siempre con la ayuda de Dios.
    Dios quiere contar con nosotros para la realización de su obra y todos somos llamados como obreros para colaborar, ¿donde?, allí donde tengamos nuestro puesto, no importa cual sea, el caso es estar «a pie de obra trabajando». Un saludo muy afectuoso. Mª Jesús

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