No podemos callar

Quien me conoce un poco sabe de mis ansias viajeras y de mi disfrute viajando por el mundo y conociendo otras culturas, otras formas de vivir, personas diferentes… Esto me ha permitido relativizar bastante de las cosas que he vivido y vivo, me ha ayudado a ampliar mis horizontes y mi manera de ver el mundo y la vida. Los viajes y el conocimiento que te proporcionan han ido despojándome de muchas de las seguridades en las que yo me había afianzado con el tiempo. No todo es relativo, pero casi todo.

El coronavirus, como a tantas otras personas, ha reducido mis movimientos y llevo ya más de un año anclada en el mismo lugar; eso sí, con unas vistas maravillosas que me hacen mirar hacia el infinito. Quizás sea por esto por lo que hace unos meses busqué en mi biblioteca y me decidí por un libro cuyo título me resultó sumamente atrayente: Mi vida en la carretera,  la historia de la feminista y activista Gloria Steinem.

Hace unos días, y en vísperas ya de la celebración del 8 de marzo, he podido ver la película The Glorias,  basada en este libro. No voy a hacer aquí un spoiler de la película, cuya visión recomiendo encarecidamente.

Muchas son las cosas que me han gustado, tanto del libro como de la película. Gloria ha luchado toda su vida por la igualdad de las mujeres, pero no solo por esto también ha luchado por las minorías excluidas y silenciadas: las indias, las asiáticas… Ha luchado con ellas, por que estas mujeres tengan el lugar que les corresponde en sus culturas, para que sean respetadas en sus propias culturas y en la hegemónica. Han luchado por que no se pierda su lengua nativa… 

Lo dicho, les recomiendo que la vean, pero me gustaría subrayar aquí una de las conversaciones que Gloria tiene con otra activista mexicana: Dolores Huerta, una católica devota contraria al aborto. La dos mujeres, amigas, se encuentran: Gloria luchando para que el aborto fuera reconocido y las mujeres no tuvieran que morir en manos de carniceros y desangradas en cualquier inhóspito lugar.

Dolores, en una manifestación en contra del aborto. Cuando Dolores le comenta a Gloria su rechazo al aborto, pero su falta de identificación con los grupos que están en contra, Gloria le contesta que nadie que está en su sano juicio es pro aborto, que esto es un método de último recurso ya que la libertad reproductiva le pertenece a la mujer. Dolores argumenta que ella no quiere ir contra la Iglesia pero sí que quiere pensar en las mujeres y se pregunta “¿qué hace la Iglesia por nosotras?”.

En otro de los momentos de la película Gloria es invitada a participar en el sermón dominical de una iglesia católica. “Nuestros antepasados vieron a Dios en todos los seres vivos incluidas las mujeres, pero luego la cultura del patriarcado provocó una jerarquía, que incluso se puede ver en la figura que nos muestran de Jesús: hombre blanco, ojos rubios… Sólo el hombre blanco parece divino”, argumenta en una iglesia llena de fieles y con el asentimiento del sacerdote. Y en esa misma intervención vuelve a defender el derecho a la libertad reproductiva y a la sexualidad como expresión al margen de la reproducción.

Por todas, por las que nos precedieron, por las que están y las que vendrán, no podemos callarnos, no podemos dejarnos controlar. 

Escribo esta primera columna mía en este nueva etapa de Alandar digital en un mes muy importante para las mujeres que han luchado y seguimos luchando por la igualdad en nuestro mundo.

Confío plenamente en que algún día llegaremos a esa igualdad. Y cuando lo hagamos en esta carrera estaremos subiendo los peldaños que construyeron las mujeres que nos precedieron porque como afirma Gloria “el movimiento son muchas mujeres, no solo un rostro”.

Y por todas, por las que nos precedieron, por las que están y las que vendrán, no podemos callarnos, no podemos dejarnos controlar. Por esto, y desde aquí, me uno a la Revuelta de Mujeres en la Iglesia y como ellas termino diciendo. Si las mujeres callamos gritarán las piedras

Al igual que Gloria, yo también veo esa ola de energía como nunca antes lo había visto

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