Narices

Mucha gente está participando en la campaña a través de redes sociales.

Cuando escribo esta Mecedora estoy de lleno en una campaña que hemos lanzado en la Fundación Luz Casanova, con la que colaboro desde hace un tiempo.

La Campaña se llama “Por narices vamos a cambiar el mundo” y tiene su origen en un trabajo conjunto con la Escuela Ideo y la Fundación. La Escuela Ideo es un proyecto educativo del que ya se hizo eco alandar en sus comienzos, por su metodología y sus valores. En su web dicen “Buscamos una educación que forme personas felices, sanas, concienciadas y solidarias para la sociedad global de nuestro tiempo. Personas atentas a la realidad que nos toca vivir para interpretarla y ayudar así a construir un mundo bueno, justo y bello”.

La Fundación Luz Casanova intenta acercar un poco más esa felicidad a personas a las que se les ha arrebatado todo: hombres y mujeres que un día tuvieron un trabajo, una familia, un hogar… y, por un cúmulo de sucesos, hoy se ven en la calle, sin hogar, sin comida, sin cariño. Hombres y mujeres con los que nos encontramos a diario en nuestras ciudades pero que con frecuencia, mucha frecuencia, pasan desapercibidos. Forman parte del mobiliario urbano. Nadie les ve, nadie les habla ni les mira a los ojos, ni aun cuando nos acercamos a ellos para darles una ayuda esta va acompañada de unas palabras.

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La Fundación Luz Casanova lleva 90 años intentando cambiar esta situación y ha conseguido modificar algunas realidades, pero el fenómeno de la desigualdad no solo no ha desaparecido sino que en estos últimos años se he incrementado. Por eso, ahora nos ha surgido un grito desesperado: “Por narices vamos a cambiar el mundo”. Solos no podemos. La primera en unirse ha sido la Escuela Ideo pero, nada más lanzar el grito, ya han empezado a sumarse más grupos a esta indignación que pretendemos que sea generalizada: Grupos de scouts, el colegio de las Apostólicas de Granada, un equipo de fútbol de Manresa, una parroquia, un Centro Cultural, una fábrica de cajas… No hay edad ni estatus social, no hay género, ni profesión… queremos hacer una llamada general a la sociedad para, entre todos, cambiar el mundo y construir uno nuevo en el que:

  Todas y todos tengan un hogar y nadie duerma en la calle.

  Todas y todos puedan vivir de su trabajo.

  La sanidad sea verdaderamente universal y gratuita.

  La educación no sea un negocio.

  Ningún ser humano sea ilegal.

  La violencia no llene las páginas de nuestros diarios continuamente.

Esta campaña pretende ser un canal de sensibilización y y también de recaudación de fondos para el Centro de día y comedor social Luz Casanova de Personas sin Hogar. Queremos trasmitir de manera sencilla que todas y todos nos podemos implicar y que es cuestión de voluntad. ¡Si queremos, podemos!

Se trata de una campaña en la que se puede participar de una manera muy sencilla, comprando una nariz verde (donativo mínimo, 1 euro) y haciéndote una foto con ella.

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Para quien esté interesada o interesado en saber más de esta campaña, les invito a entrar en nuestra web (www.proyectosluzcasanova.org), a comprar unas narices, hacerse una foto y gritar por las redes sociales nuestra indignación. Estamos en tiempos de elecciones. Nuestros políticos y políticas tienen que oírnos y saber qué gobierno, qué leyes y qué mundo queremos.

Ponte una nariz, mándanos tu foto o cuélgala. Queremos sumar fuerzas.

#xnaricesvamosacambiarelmundo

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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