Almas del purgatorio atrincheradas pero arreglándose por si se adelanta la llamada del Cielo.

El sentimiento de desafección que se siente en el Purgatorio con respecto al Cielo es patente desde hace tiempo. En principio, el Purgatorio se diseñó como un lugar de paso para las almas, un destino temporal donde expiar los pecados hasta que se les permitiera acceder al Cielo. Sin embargo, los retrasos en los accesos a la morada celestial han aumentado el periodo de espera en unos 3.000 años. Una de las almas afectadas es la de la sevillana Montse Ñor. En declaraciones a esta revista ha comentado que “como estamos muertos nadie nos hace caso y parece que nos están tomando el pelo, mi alma”.

Pese a no estar en el Infierno, los ánimos se calentaron progresivamente hasta llegar al punto de organizar un referéndum donde el Purgatorio planteó su desvinculación completa del Cielo. Al parecer, esta fue la gota que colmó el cáliz de la directiva celestial. Pese a ser muy mariana, decidió aplicar la ley divina y juzgar a los 12 apóstatas que organizaron el referéndum. El Juicio Final terminó hace unas semanas y decretó condenas muy elevadas, de 70 veces 7 años de prisión para cada implicado. Como era de esperar, este resultado no ha sentado nada bien en el Purgatorio. En palabras de Susan Tidad “los que han ido al cielo se creen el centro de todo, pero el resto también tenemos derechos”.

Un grupo de almas en pena ha cogido al Belcebú por los cuernos y se ha echado a las nubes para protestar por esta dichosa situación. Los CDR (Colectivo por el Derecho a Resucitar) han marcado el paso y las manifestaciones han sido mayoritariamente pacíficas, aunque algún becerro adoró a quien no debía. Por su parte, el Cielo ha intentado calmar la situación pero algunos de sus ángeles lazaron más rayos de la cuenta.

La situación parece ciertamente enquistada. Las directivas de Cielo y Purgatorio son nuevas, lo cual es algo prometedor. Sin embargo, parece no haber una gran comunicación entre ellas y se acusan mutuamente de no cogerse el teléfono o de robarse los yogures de la nevera. San Pedro el Bello (dirigente del Cielo) y San Quintorrín (presidente del Purgatorio) parecen condenados a entenderse, aunque lo más probable es que sigan haciendo el paripé para ganar votos hasta que lleguen las próximas elecciones o que pasen a mejor vida (es decir, que se hagan senadores).