Iglesia: autoridad o autoritarismo

© Mazur. Iglesia católica de Inglaterra y Gales.Cuando miramos con un mínimo de atención a la Iglesia jerárquica acabamos pensando normalmente en el Vaticano, en ciertas Conferencias episcopales, en la española de manera muy especial, etc., dándonos cuenta enseguida del poder que ostentan.

No quiero entrar ahora a definir las distintas acepciones que el concepto «poder» puede llegar a tener, porque no es el caso. Si tuviera que descartar alguna en concreto con respecto a la Iglesia, sería el concepto de poder como sinónimo de riqueza y de medios, al menos de manera global.

Ahora bien, es totalmente evidente la capacidad de influencia que la Iglesia en general, pero de manera específica la jerarquía, sigue ejerciendo sobre muchas personas y en muchos lugares del mundo, a pesar de que haya perdido y vaya perdiendo -afortunadamente en muchos casos- esta capacidad de influir en los demás.

Una pérdida de influencia a la que se resiste, aprovechando todo tipo de ocasión de cara a reclamarla. Se lo reclama a las personas de manera individual, a grupos y colectivos y, muy especialmente, se lo reclama, siempre que puede, a quienes ostentan el poder político, aunque pueda llegar en bastantes casos a incurrir en privilegios y en favoritismos.

Resulta curioso observar, en cambio, cómo le va siendo retirada la autoridad en la misma proporción que consigue poder e influencia.

A pesar de las concentraciones masivas y las personas adeptas a los nuevos movimientos (los «neos»), no es ningún secreto que la Iglesia católica va perdiendo autoridad de manera vertiginosa, no sólo respecto a la sociedad en general, sino también entre las personas creyentes, especialmente entre las que tienen con una fe mínimamente madura y formada. Las encuestas lo manifiestan de manera patente cada día que pasa.

Y está perdiendo autoridad porque ésta no se compra ni se consigue con influencias o cosas por el estilo. La autoridad verdadera la da la gente creyente y el pueblo en general.

Y, ¿por qué los creyentes y el pueblo en general están retirando a la Iglesia la autoridad? Las razones que podríamos llegar a aducir son diversas. Pienso, en primer lugar, que se debe al distanciamiento cada vez mayor que existe entre Iglesia en general, especialmente la jerarquía, y pueblo, no sólo a nivel de distancia física, sino también de proximidad respecto a la problemática real que vive la gente en su vida de cada día; una realidad que no tiene nada que ver con las doctrinas y morales que la jerarquía se empeña en mantener contra viento y marea.
En segundo lugar, estaría el sentido de posesión única y exclusiva de la verdad. Según la propia jerarquía, es ella quien ha recibido de manera exclusiva la misión de guardarla y de transmitirla. Una verdad casi siempre fija e inamovible.

No nos debe extrañar esta actitud -tan ligada a la anterior- si el diálogo, algo tan maravilloso entre personas, está totalmente ausente, siendo sustituido por el criterio único e indiscutible de los que mandan y gobiernan la Iglesia. El dogma sería el súmmum de esta manera de actuar. Supongo que, desde una actuación de este tipo, resulta perfectamente explicable la falta de autocrítica que caracteriza a la mayoría de dirigentes eclesiásticos. Para ellos los equivocados son siempre los demás.

En contraposición a todo esto, estaría la gran autoridad que caracteriza a personas (de manera individual en muchos casos) y también a grupos y a pequeñas comunidades que casi siempre no tienen ningún tipo de poder ni influencia social. En cambio, son mujeres y hombres que están en todo momento bien cercanos a la gente necesitada y pobre, por un lado, además de saber que deben permanecer siempre abiertas y abiertos a todo hombre y mujer, sin ningún tipo de condición ni diferencia, para recibir todo lo que estos puedan llegar a aportarles, aunque aparentemente dé la impresión de ser poco o algo pequeño o los dirigentes eclesiásticos piensen que se trata de personas equivocadas. Estamos hablando de hombres y mujeres que se han ganado la autoridad desde la humildad, desde el servicio, desde la sencillez y desde el esfuerzo por vivir con la máxima fidelidad posible el mensaje de Jesús y poner en práctica los valores que él vivió.

Se trata de una autoridad que no consta en ningún tipo de documento escrito por parte de las personas que se la otorgan, sino manifestada a través del respeto y la estimación hacia aquellos hombres, mujeres, grupos y comunidades que han optado por las Bienaventuranzas como proyecto de vida, dejando totalmente de lado el derecho canónico.

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