Se llama Antonia

bizitegui-2.jpgEs una mujer de edad media -58 años- y una larga y complicada vida.

Antes de llegar a tomar contacto con nosotros, su vida había llegado a estar pendiente de una botella de vino o de alcohol barato. No tenía un horizonte amplio y abierto ante ella. A pesar de pertenecer a una familia de recursos, diversos contratiempos que se habían ido sucediendo a lo largo de su vida, le habían llevado a vivir en esa situación tan difícil.

Muchos la conocían en su deambular por el Casco Viejo de Bilbao, pero nadie había llegado a cuestionarle nada nuevo para su vida maltrecha.

Alguien de nuestra asociación tuvo la oportunidad de tomar contacto con ella y tras varios intentos, consiguió que Antonia accediera a dejarse acoger en nuestra asociación y poco a poco, fuera dando pasos hacia una nueva vida para ella.

Ya no es dependiente del alcohol, quizá un poco del café, pero ya ha llegado a ser libre ante estas dependencias que habían marcado su vida.

En los primeros años de su estar con nosotros, se mostraba arisca y nada dispuesta a dejarse besar por nadie. Después de tantos años de soledad, rehuía estas muestras de cariño que ¿quién sabe? quizá nunca los tuvo.

Pero ha llegado el momento, hace ya mucho tiempo, en que recuerda con mucho cariño a las personas que se entregaron por ella y que por diversos motivos, ya no están con nosotros. Continuamente pregunta por ellos y cuándo vuelven a visitarnos. Es como una cantinela de agradecimiento que no olvidará.

Ahora ha dado un vuelco su vida. Con su muleta, que le ayuda a caminar lentamente pero con seguridad, va avanzando entre el lugar donde vive con nosotros hasta el centro de día, donde con nuestros monitores y otros compañeros de nuestra asociación, tienen círculos de diálogo, ensayan obras de teatro, que luego representarán a lo largo del año en encuentros generales de Bizitegi.

¡Es una vida con futuro la de Antonia!

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