¡Ella ha dado tanto y está sola!

luzenlaenfermedad-3.jpgElla se llama Mercedes. Es una mujer entrañable, muy reducida en sus carnes y con el rostro surcado por pliegues ya profundos, que indican que ya lleva muchos años de vida -87- entre nosotros.

Para poder verla, tengo que ponerme una mascarilla en la cara, que me tapa boca y nariz, de tal manera que pueda estar a su lado sin ningún problema de contagio.

Una vida entregada la suya, desde su más tierna juventud. Quedó viuda a los 30 años y ya para entonces había traído 8 churumbeles –un chico y siete chicas-, a este mundo nuestro. Sus siete hijas le han dado más de 100 nietos y biznietos. ¡Todo un pueblo o una dinastía!

Voy visitándola durante unos cuantos días, pues cada vez que subo al hospital, voy a visitarla. Siempre en la misma habitación, sentada en la misma silla y siempre sola, ¡totalmente sola! ¡Nadie a su lado!

No quiero hacerle preguntas acerca de su familia, pues ella tiene todo el derecho del mundo a expresar lo que desee. Lo aprendí en Traperos de Emaus y considero una regla sagrada el no preguntar a nadie sobre su pasado, toda persona es sagrada y tiene derecho a expresar lo que desee, sin que nadie tenga que hurgar en lo que ha sido su vida anterior.

La soledad de Mercedes me habla de indefensión, dolor, tristeza y abandono. Y ella, cada vez que nos encontramos, siempre expresa lo mismo: su pena, su dolor, su no entender nada del motivo de su soledad.

Cada cierto tiempo hace referencia de su hijo; por lo que ella dice, debe ser enfermo mental y con una gran dificultad de defenderse por sí mismo. Su deseo mas grande es que Dios le cure antes de que ella se vaya para siempre de entre nosotros.

No entiendo nada de lo que puede estar sucediendo en la mentalidad de la etnia gitana. Pero algo sí que voy intuyendo: si hay una persona de esta etnia en una sala de hospital, puedo saber paseando por el pasillo colindante y sin temor a equivocarme, si es un hombre o una mujer la persona con la que me voy a encontrar. Si es un hombre, el pasillo estará lleno de gente; si es mujer, es raro que encuentre a nadie, apenas nadie se acuerda de una mujer hospitalizada. Esto me deja perplejo y sin poder desde mí entender ni acoger esta realidad.

Mercedes va a recibir el alta en el hospital hoy mismo. Ya ha preparado sus cosas en una bolsa de plástico y me pregunta: ¿Qué será de esta mujer de ahora en adelante?

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