La paz como proyecto de sociedad

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Foto. Lolita CCPara el mundo actual, la paz sigue como un reto aún no realizado. En Siria, la guerra civil entre el Gobierno y una oposición sostenida por los Estados Unidos divide el país. En Israel, en el sur de la India y en otras partes del mundo, conflictos sangrientos hieren a la humanidad. Hasta hoy, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), creada para establecer la paz en el mundo, no ha logrado cumplir plenamente esa misión. En esta semana, las personas que aman la paz recuerdan que, hace exactamente 50 años, el papa Juan XXIII daba al mundo su carta encíclica sobre la paz en la tierra (Pacem in Terris). Esa carta, publicada en el 11 de abril de 1963, fue como una primera consecuencia del Concilio Vaticano II y, aunque no sea un documento conciliar, reveló que el Concilio abrió una nueva etapa en la convivencia entre la Iglesia Católica y la humanidad. De hecho, en aquellos días de 1962 y 1963, el mismo papa Juan XXIII estuvo profundamente involucrado en evitar una guerra entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. En la Pacem in Terris, el papa hizo una intensa llamada a crear nuevas relaciones internacionales de paz y justicia. El papa insistió en que solamente una orden social justa y centrada en la dignidad de toda persona humana podría garantizar la paz en el mundo.

Por la primera vez un papa escribía no solo a los clérigos y personas laicas católicas, sino a todos los seres humanos de buena voluntad. En una carta anterior (Mater et Magistra), Juan XXIII había defendido el principio de la socialización que, aunque no signifique un régimen social (el socialismo), tiene la misma base: la preponderancia de lo social sobre lo individual y la vocación de todas las personas humanas de vivir la solidaridad y la responsabilidad fraterna.

En el Concilio Vaticano II, la Pacem in Terris fue seguida por las discusiones y reflexiones sobre el llamado Esquema 13, que resultó en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes), el documento más positivo y amoroso que la Iglesia jamás escribió sobre sus relaciones con el mundo y su opción de amor a la humanidad.

Foto. Overmundo CCAhora, 50 años después, el mundo puede celebrar algunas conquistas, como la independencia política de algunos países africanos que en la época del Concilio eran aún colonias de potencias europeas. Vivimos hoy una conciencia internacional más fuerte de los derechos humanos, algunas victorias contra el racismo y contra la discriminación de la mujer. Sin embargo, las guerras siguen siendo despiadadas, las relaciones de trabajo son más precarias y la amenaza de destrucción de la naturaleza, más concreta.

En ese contexto, la conmemoración de los 50 años de la Pacem in Terris coincide con la consolidación del proceso bolivariano en varios países de América Latina. La muerte del presidente Hugo Chávez fue un duro golpe contra ese proyecto latinoamericano de integración e independencia. Sin embargo, esperamos que el proceso pueda seguir desde la actuación de los movimientos indígenas y populares y no solamente de la política de gobiernos favorables al pueblo. Hoy, optar por ese camino es renovar el espíritu del Concilio Vaticano II y oír actualmente la llamada de Jesús en el Evangelio: “Felices las personas que construyen la paz, como alianza de vida, salud y justicia entre los hombres y entre los pueblos. Ellas son verdaderos hijos e hijas de Dios” (Cf. Mt 5, 9).

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