La espiritualidad de los foros

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Foto. CáritasUniversidades, escuelas, empresas, movimientos populares y hasta clubs hacen asambleas y congresos. En la época del cristianismo primitivo, en las ciudades del imperio romano, las asambleas de ciudadanos eran llamadas Ekkesia, que traducimos por Iglesia. En general, estas iglesias civiles eran elitistas. Extranjeros, esclavos y pobres eran excluidos. Y en algunas culturas también mujeres y niños. Pablo llamó a las comunidades cristianas “Iglesias”, abiertas a todos y reunidas para la solidaridad común. Desde el comienzo de este siglo XXI, la humanidad es convocada para foros abiertos a todas las personas, hombres y mujeres, que se sienten ciudadanos y ciudadanas del mundo y, en el corazón, tengan el deseo de cambiar la sociedad. Ahora, a finales de enero, más de cien mil personas venidas de diversos continentes se han reunido en Porto Alegre, al sur de Brasil, para reflexionar y programar cómo, cada una en su organización de base, puede avanzar en el camino para un nuevo mundo posible.

Ese foro fue una actividad preparatoria de la Cúpula de los Pueblos, evento paralelo a la próxima conferencia general de la ONU sobre ecología y condiciones climáticas que tendrá lugar en junio de este año en Río de Janeiro (Rio + 20). Por eso, el tema del foro fue “Crisis capitalista – justicia social y ambiental”. El foro se une así a tantos movimientos que en todo el mundo dicen claramente que la humanidad no soporta más las injusticias del sistema socio-económico dominante y pide un nuevo mundo posible. Como el actual modelo capitalista llevó siglos hasta afirmarse, no se puede exigir de ese movimientos que, de una hora a otra, saque del bolsillo una propuesta alternativa definida. Lo importante es partir de las experiencias locales ya en funcionamento, como también que las personas y grupos que buscan cambiar el mundo estén abiertos al diálogo y al coraje de empezar el nuevo.

La mística de los foros tiene profunda resonancia bíblica, pues retoma el sueño del reino de Dios, el proyecto divino que es justicia, paz y cuidado con el planeta Tierra y todo el universo. Este año, en Brasil, ese camino se concreta en el cuidado de la seguridad alimentaria, tanto para superar las situaciones de extrema pobreza en que aún se encuentran millones de personas como de garantizar una alimentación saudable y nutritiva para todos y todas. Jesús dijo: “Felices las personas que trabajan por la paz. Ellas hacen lo que Dios hace” (Mt 5, 9).

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