Hoy es tiempo del Evangelio

El papa Francisco en un coche descubierto recorriendo las calles de Río de Janeiro. Después de la reciente visita del papa Francisco a Cerdeña y su encuentro con los trabajadores desempleados, el presidente del sindicato afirmó que el papa es el único líder mundial que levanta su voz contra el capitalismo asesino y perverso, responsable del sufrimiento e incluso la muerte de tantas personas.

Hace casi 50 años, yo era secretario para ecumenismo y consejero de monseñor Helder Câmara, entonces arzobispo de Olinda y Recife. En aquel tiempo, Dom Hélder envió a su amigo de tantos años, el papa Pablo VI, una carta en la cual le proponía un gesto profético. El papa debería renunciar a ser jefe de Estado para volver a ser solamente obispo de Roma y, como tal, pastor de la unidad de las Iglesias. Y para dar significado a eso, debería pasar el Vaticano a la ONU y fijar residencia en San Juan de Letrán, primera residencia de los obispos de Roma. Pocas semanas después, el arzobispo de Recife recibió una correspondencia del Vaticano. En la carta, el cardinal Villot, secretario del Estado, afirmaba: “El Santo Padre agradece su carta, pero le recuerda que ya no estamos en los tiempos del Evangelio”. Si Dom Hélder Câmara estuviera vivo ahora, ciertamente estaría feliz y diría “finalmente, después de Juan XXIII, tenemos en el Vaticano a un cristiano que cree y expresa públicamente la actualidad del Evangelio de Jesús. Vivimos de nuevo hoy tiempos del Evangelio.

El papa está mostrando una actitud evangélica al dar ejemplo de simplicidad en su forma de ser. Sin embargo, pienso que su toma de postura más valiente, desde el primer momento tras su elección, ha sido la de presentarse siempre como “obispo de Roma”. Teológicamente, eso es más importante y transformador, porque permite que la Iglesia vuelva a respetar la diversidad de disciplinas, de liturgias y también de teologías en los diversos continentes y realidades locales.

Hace poco tiempo, el papa recibió y abrazó a Gustavo Gutiérrez. Con eso, pareció abrir un diálogo con los teólogos de la liberación. Para mí, lo importante fue que el papa abrió el diálogo con toda la teología, cualquiera que fuera, porque los dos papas anteriores solo aceptaban una teología que fuera mera repetición de encíclicas y documentos oficiales. Tal vez el papa Francisco pueda desmentir el poema trágico de Helder Câmara que se recita en la película Dom Helder Câmara, o Santo Rebelde, de Érika Bauer: “Soñé que el papa enloquecía y él mismo prendía fuego al Vaticano. Locura sagrada, porque Dios mismo atizaba el fuego que, en vano, los bomberos intentaban apagar. Loco, el papa salía por las calles de Roma, diciendo adiós a sus embajadores y distribuyendo a los pobres el dinero del banco del Vaticano. ¡Qué vergüenza para los cristianos! Para que un papa pueda vivir el Evangelio, tenemos que imaginarlo en pleno acceso de locura”.

*Marcelo Barros es monje benedictino, teólogo y biblista, actualmente coordinador latinoamericano de la Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo (ASETT), consejero en Brasil de las comunidades eclesiales de base y de movimientos sociales. Tiene 44 libros publicados en diversos idiomas y colabora con diversas revistas internacionales de teología.

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