Resucitar en la esperanza

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La resurrección nos invita a vivir de una forma nueva, a ser libres y a invitar a otros a la libertad.Hay formas diversas de situarse frente a nuestro mundo. Están las personas pesimistas, quienes creen que todo va para peor. Da lo mismo que sean de derechas o de izquierdas. Su actitud básica es negativa. Nada es como antes y lo que se avizora en el horizonte es siempre peor que lo dejado inmediatamente atrás. Y, además de malo, lo que se viene encima es inevitable. No hay nada que hacer. Vamos a peor.

Pero nosotros y nosotras creemos en Jesús. Ya hemos celebrado muchas veces la Semana Santa y somos conscientes de que, para las personas creyentes, lo mejor está por venir. Como decía un profesor mío, Dios nos espera a la vuelta del futuro, al dar la vuelta a la esquina siguiente. El presente no es más que una promesa de la plenitud esperada. Y, por esperada, ya vivida en el presente que tenemos entre manos.

Este mes hay una celebración central: la Pascua de Jesús. Del Viernes Santo pasamos a la Vigilia Pascual y la luz comienza a brillar en la oscuridad. Toda una parábola de la vida que se replica en la naturaleza que despierta después del largo invierno. Lo que parecía muerto no lo estaba. Dentro tenía el germen de la vida. Y la vida termina ganando la batalla. Siempre.

Hay que leer y releer los textos del domingo de Pascua (20 de abril). Comienzan por los Hechos de los Apóstoles proclamando el discurso de Pedro: “Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos… me refiero a Jesús de Nazaret…”. Claro que lo sabemos. Y recordamos con el corazón anhelante al que pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos y oprimidas por el diablo. Sentimos la esperanza en el corazón. Sentimos que hemos resucitado, que estamos viviendo una vida nueva.
Sentimos que nos hemos comprometido a vivir de una forma nueva, a ser libres y a liberarnos de nuestros miedos. Queremos extender la mano a todas las personas. Como Jesús, queremos pasar haciendo el bien, mejorando el mundo a nuestro alrededor. A todos los niveles. Saldremos a la calle para defender los derechos de todos y todas. Y nos acercaremos al enfermo que está solo para que sienta el calor de un hermano.

Todo eso nos sale de dentro no como una obligación, sino como fruto exuberante de la esperanza que nos llena, de la pasión por la vida. Creemos que Dios está de parte de la vida, de nuestra vida, de la vida de todos los seres humanos. Nos gozamos compartiendo una cerveza con el amigo y lloramos allá donde la muerte y el dolor se hacen desgraciadamente presentes todavía. Y trabajamos para que eso deje de suceder. Y ponemos toda la carne en el asador. Y celebramos la fracción del pan con los hermanos y hermanas. Y soñamos con el Reino donde no se excluirá a nadie y todas las personas tendrán un puesto. Eso es vivir la Pascua. Eso es resucitar.

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