Para comenzar el curso

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Ilustración: Hiking artista.Comienza un nuevo curso (el ritmo del curso académico nos influye más de lo que parece) y conviene que nos centremos después de la dispersión de las vacaciones y del calor veraniego. Quizá por eso, justo en la mitad del mes (16 de septiembre) se nos plantea la pregunta clave en la vida de toda persona cristiana: ¿quién dices tú que soy yo? Es clave porque la fe cristiana es, ante todo y sobre todo, una relación personal con Jesús. Luego pueden venir los adornos, las alharacas, el incienso, las liturgias, hasta el compromiso. Todo puede estar bien pero llega en un segundo plano. Lo importante, lo central, lo fundamental, es escuchar esa pregunta y responder desde lo más hondo de cada cual.

Porque no basta con responder de memoria. La respuesta se da con la vida y ahí se manifiesta cómo se entendió la pregunta. Decir: “Tú eres el Mesías” y entrar por el camino de las liturgias, las mitras y los inciensos significa que no se ha entendido muy bien a Jesús. Para Jesús lo de “ser Mesías” significa ante todo servicio, dar la vida por las demás personas, consagrarse al servicio del Reino o, lo que es lo mismo, de una fraternidad que va más allá de las razas, las culturas, las lenguas, los sexos, las ideologías. Sólo ahí se encontrará la verdadera vida.

Así que en este comienzo de curso hay que centrarse en lo que somos y en cómo lo somos. El asunto se recalca en los dos siguientes domingos. Porque no es fácil de entender –ni de vivir– a la primera eso del servicio. De hecho, los discípulos (23 de septiembre) andan liados preguntándose quién va a ser el más grande en el Reino. Podemos pensar que eran duros de mollera y cortos de entendederas. Pero, visto lo que se ve en nuestra historia, nosotros no somos mucho más avispados. El deseo de poder debe estar muy metido en el corazón de las personas. Así que conviene recalcar que “el que quiera ser el primero, que sea el último y de todos y el servidor de todos”. Jesús sabía lo que decía.

Para terminar el mes –y la lección de lo fundamental cristiano– se nos habla de que en el Reino no se excluye a nadie (30 de septiembre). Corolario clave de las lecciones anteriores. “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. El Reino es para todos los seres humanos, todos y todas tienen cabida en él. No es lo nuestro marcar fronteras sino abrir puertas y construir puentes.

Desde aquí se puede releer el evangelio del segundo domingo (9 de septiembre). Relata la curación de un hombre sordomudo. Nos podemos poner en situación y reconocer nuestras sorderas –lo que no queremos oír– y nuestras mudeces –lo que no nos atrevemos a decir. Y pensar que necesitamos ser curados para escuchar todo y decir y decirnos sin miedo y con claridad todo lo que tenemos que decir y decirnos.

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