El Espíritu, la copa y la transformación

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Ceremonia de apertura del Mundial de Fútbol anterior celebrado en Sudáfrica. En los medios de comunicación, este mes de junio será tomado por las noticias de la Copa del Mundo celebrada en Brasil. Como el pueblo brasileño siempre se ha revelado fanático por futbol, en un año electoral (las elecciones serán en octubre), el gobierno pensó que el hecho de que la Copa del Mundo fuera en Brasil ayudaría mucho. De hecho, como se dejó dominar por la FIFA (Federación Internacional de Futbol) ahora tiene que lidiar con manifestaciones cotidianas de la juventud y de la gente de la calle. Esta gente protesta contra el hecho de que el dinero público se haya usado para construir gigantescas áreas deportivas, mientras la educación, la salud y los transportes urbanos están poco cuidados.

De hecho, el fútbol, como todo tipo de deportes, es sano y ayuda a la humanidad a un encuentro de culturas que favorece la paz. En Brasil, en los años 80, las primeras protestas contra la dictadura militar se produjeron en un estadio de fútbol, durante un partido. De la misma forma, en Chile, la dictadura de Pinochet empezó a caer desde las manifestaciones críticas en el mismo estadio de futbol que, en 1976, sirvió como campo de concentración para los prisioneros del sistema.

Desgraciadamente, en las últimas décadas, por todo el mundo, las organizaciones deportivas se han convertido en grandes corporaciones financieras. Los y las atletas se compran y se venden, como se fueran mercancías. Y todas las grandes multinacionales invierten en eventos deportivos. Sin embargo, siempre es posible que los movimientos sociales organizados ayuden la sociedad a retomar su conciencia social y actúen para manifestar a los grandes del mundo que no podemos más seguir por este camino.

Para los cristianos y cristianas, este mes de junio está también marcado por la fiesta de Pentecostés. En la conclusión de los 50 días de la Pascua, las comunidades celebran la venida del Espíritu Divino que, como dice la Escritura, “llena el universo, acoge toda cultura y cambia la faz de la tierra”. En medio de la profunda crisis de la sociedad actual, mucha gente se deja dominar por la ideología que enseña que no hay alternativas. Al contrario, es importante creer en que otra forma de organizar el mundo es posible y urgente y apostar por ello. Esa insurrección y resurrección no solo de nuestros espíritus y energías, sino también de las estructuras del mundo son obras del Espíritu a través de todas las personas de buena voluntad que se abren al amor solidario. Es importante discernir en nosotros y nosotras y en el mundo lo que es movimiento del Espíritu. Esto se conoce por el hecho de que nos llama siempre a superar las dificultades y a no conformarnos con la realidad vigente, sino luchar para cambiarla y llegar, así, a una transformación radical y profunda. No se trata solo de una reforma, sino de una transformación total.

Aparentemente, la Copa del Mundo de fútbol nada tiene a ver con el Espíritu Divino. Sin embargo, en la medida en que posibilita la confraternización de tantos pueblos y pone en diálogo a personas de tantas culturas diversas, puede ser manifestación del Espíritu que nos llama a una humanidad nueva. Si es así, lo importante no es la competición, sino la colaboración para hacer que pueda ser verdad lo que el Apocalipsis proclama como palabra de Dios: “Hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).

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