“El cristianismo vive un tiempo de metamorfosis, y no sabe dónde aparecerá la mariposa”

José Mª Vigil participó el pasado mes de abril en el Foro Gogoa. José María Vigil es teólogo, psicólogo clínico y doctor en educación. Organiza, desde hace 25 años, con Pedro Casaldáliga, la “Agenda Latinoamericana”, y dirige la colección “Tiempo Axial”, que trata de dar razón de las transformaciones radicales que la dimensión religiosa experimenta en nuestro tiempo.

Usted dice que nos encontramos en un tiempo axial, ¿qué es eso exactamente?

Axial es un adjetivo derivado de la palabra latina axis, eje, que se usa en física y que popularizó para la filosofía Karl Jaspers en un libro publicado en 1953. Un tiempo axial -o tiempo-eje- es un tiempo intenso que marca un antes y un después. Usando la metáfora de un eje que comienza a desplazarse de sus quicios, indicamos que algo se mueve en las ciencias y el pensamiento para dar lugar a una situación nueva. Jaspers dice que los seis siglos que van del 800 al 200 antes de Cristo fueron un tiempo axial, en que hubo transformaciones radicales por la influencia de grandes filósofos y hombres religiosos, como Parménides, Platón, los profetas de Israel, Zoroastro, Buda, Confucio, Lao-tse… Ahora estaríamos viviendo otro tiempo axial debido, principalmente, a los grandes avances del conocimiento humano.

¿De cuándo datan las religiones?

Durante mucho tiempo hubo religiosidad, pero no religiones. El homo-mulier sapiens existe hace unos 200 millones de años y la paleontología afirma que tuvo una conducta religiosa desde el comienzo. Aquellos antepasados nuestros, cazadores y recolectores, han dejado restos de signos y símbolos religiosos y, según la antropología cultural, se podría decir que convivieron más con la idea de una diosa, semejante a la Pachamama andina, que con la de un dios-señor-masculino y que tuvieron una conducta “espiritual” muy ligada al planeta. Las religiones surgieron con la revolución agraria del neolítico. Ninguna religión tiene más antigüedad que 4.500 años. Es el caso del hinduismo, que es la religión más antigua. El judeocristianismo tiene una historia de 33 siglos o, como mucho, de 38 si aceptamos la existencia de algunos nebulosos patriarcas. El tiempo de las religiones solo representa el 2,25% de todo el periodo de existencia del homo-mulier sapiens.

Acaba de referirse a una conducta “espiritual”. Hoy se habla mucho de espiritualidad y de espiritualidad “laica”.

Hay que usar con cautela la palabra “espiritualidad”, porque en sus genes etimológicos lleva la huella del dualismo cuerpo-espíritu que viene de los griegos; hoy preferimos hablar de “dimensión profunda del ser humano” (es una propuesta original de Marià Corbí) o, como decía Paul Tillich, de «la dimensión de la profundidad». Pero «espiritualidad» es una palabra consagrada por el uso y podemos seguir usándola, con la debida cautela.

¿Qué supusieron, en su aparición, las religiones?

Una ayuda para los seres humanos que, al convertirse en agricultores y hacerse sedentarios, ligados a la tierra, tuvieron que aprender a vivir en sociedad. En realidad, hubieron de reinventarse a sí mismos. Las religiones jugaron ahí un papel crucial: elaboraron un nuevo relato explicativo, pusieron normas, aportaron identidad, sentido de pertenencia… Las religiones han hecho su papel, nos han hecho seres viables durante el neolítico y, ante ellas, hay que quitarse el sombrero. Un mecanismo típico de las religiones es que el ser humano, que necesita normas, las crea y luego las absolutiza y las atribuye a Dios. En nuestro ámbito, las religiones monoteístas y la influencia de la filosofía griega, Platón sobre todo, trasladaron a los seres humanos a un esquema dualista de conocimiento, como si hubiera “dos pisos”, arriba y abajo, pasajero y definitivo, natural y sobrenatural, respectivamente. En esa visión, este mundo no sería el importante, no tendría entidad por sí mismo, sino que sería solo el escenario para una prueba moral que Dios querría ensayar con unos seres que creó ad hoc. Hoy sabemos que no venimos “de arriba” ni de afuera: somos Tierra que ha llegado a sentir, pensar, amar, reverenciar… Las religiones agrarias ayudaron al ser humano a ser viable y lo hicieron imponiéndole la sumisión total a sus normas. Hoy, ya en la modernidad, con la autonomía y la emancipación subjetiva y social que la humanidad ha alcanzado y que se ha convertido en la norma básica de nuestro comportamiento, ya no es posible una religiosidad cuyo eje principal sea el de la sumisión.

¿Hay que cambiar de actitud?

 El mundo se puede interpretar desde paradigmas diferentes, dualista o no dualista por ejemplo. No es que uno sea verdadero y otro falso. Es algo semejante a lo que pasa con la geometría: hay una geometría, basada en los axiomas que propuso Euclides, que sigue funcionando, pero hay también otra geometría, la no euclidiana, que también funciona y que presta mejores servicios en algunos campos. Cada persona tiene que ver cuál es el paradigma que más le convence.

¿Qué dificultades encuentra el cristianismo a la hora de ser significativo para los hombres y mujeres de hoy?

Hay muchas cosas que están en extinción. Otras no. Muchas homilías que se escuchan en iglesias son, hablando en términos de teoría del conocimiento, «discursos agrarios a campesinos que ya no lo son» (Corbí), a personas que ya no tienen esa mentalidad. Si, como parece, en este tiempo axial lo que se acaba es el neolítico, necesitamos reentenderlo todo: la idea de Dios, el sentido de la vida, la entidad de la religión, nuestra relación con el cosmos, el lugar de Jesús, la pluralidad de religiones… o, incluso, la vida eterna, pero sin un esquema de premios y castigos, por ejemplo.

La tradición de la religión cristiana es valiosa, ha aportado sentido y, aunque haya producido abusos, violencia y miedo, también ha generado amor y servicio y está en la base de los derechos humanos. ¿Tiene futuro?

No podemos menospreciar o reírnos de lo que hemos vivido durante generaciones: conocemos y hemos experimentado el mucho amor que había debajo de todo ello. Ahora los templos se vacían y muchas comunidades tanto de religiosos/as como comunidades de base han aumentado mucho su media de edad. Cambiar a otro lenguaje es un asunto muy delicado, que ha de hacerse con pedagogía y en grupo, mediante un trabajo en comunidades. Me viene al recuerdo una anciana campesina centroamericana que baña amorosamente a una niña pequeña a la puerta de su casa, la lava con agua clara, la enjabona y aclara; luego mueve la palangana y tira el agua sucia con un brazo, pero con el otro sostiene a la niña firmemente agarrada; en toda esta renovación a la que nos referimos, hay que tirar muchos elementos obsoletos, pero hay que salvar la niña… Hay congregaciones religiosas, padres y madres, y grupos cristianos de base que no se conforman únicamente con haber transmitido a los jóvenes, con la educación y con su ejemplo, los valores más importantes del mensaje de Jesús, sino que se esfuerzan, en los últimos años de su vida, por vivir y expresar su fe de una manera inteligible, según los nuevos paradigmas culturales.

¿A dónde ir, pues?

Juan Martín Velasco, uno de los grandes expertos actuales en fenomenología de la religión, dice, con una preciosa metáfora, que el cristianismo está viviendo un tiempo de metamorfosis, como la oruga que se arruga en crisálida y de la que luego sale una mariposa. El mundo religioso que está muriendo es como el gusano que se encierra en el capullo y va a desaparecer… Solo que no sabemos cómo será la mariposa que lo sustituya… Tal vez la mariposa ya está ahí, solo que no está donde la esperamos y por eso nos desesperamos. Tal vez no será mariposa… No sabemos cómo será. Es posible que esté ya por ahí, sufriendo tal vez la incomprensión y la descalificación de los oficiales de la religión de la oruga…

¿Cómo saber algo sobre esta teología axial?

Sobre los dos pisos, un libro básico es el del jesuita belga Roger Lenaers, Otro cristianismo es posible. Fe en lenguaje de modernidad. Su segundo libro, Aunque no haya un Dios ahí arriba. Vivir en Dios sin dios, presenta la arriesgada tesis de que el camino histórico del cristianismo tradicional desemboca y continúa por el posteísmo (a distinguir claramente del ateísmo). La colección acaba de publicar el libro Teología cuántica, de D. O’Murchu y Por qué el cristianismo tiene que cambiar o morir, de J.S. Spong. Todo ello accesible en la colección Tiempo axial, patrocinada por la Agenda Latinoamericana, accesible en: http://tiempo axial.org.

La religión y los paradigmas de un tiempo nuevo

Atravesamos un tsunami cultural. Presupuestos religiosos, que han estado en vigor durante siglos, están perdiendo fuerza y dejando de ser plausibles. No resulta fácil creer como creyeron nuestros mayores o hemos creído nosotros mismos hace solo unas décadas. No es el fin del mundo, pero sí el fin de un mundo. Las grandes transformaciones que se están dando en el conocimiento humano han superado el dualismo, el antropocentrismo, la heteronomía, el patriarcalismo, el teísmo anacrónico o viejas actitudes antiecológicas. La antropología cultural y la epistemología son ciencias clave para ayudarnos a «reconvertir» la visión religiosa ante los nuevos paradigmas. Si la religión ha de tener futuro, habrá de ser mediante propuestas teológicas nuevas, pero que estén fundamentadas en presupuestos también nuevos. J.M.V.

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1 comentario en «“El cristianismo vive un tiempo de metamorfosis, y no sabe dónde aparecerá la mariposa”»

  1. “El cristianismo vive un tiempo de metamorfosis, y no sabe dónde aparecerá la mariposa”
    Pues Si.
    Necesitamos nuevos paradigmas. Nos cuesta destruir lo viejo, pero nos cuesta más reinventarnos. Es un camino apasionante, a la vez que peligroso, debido a la enorme huella que hay en nuestros cerebros y corazones. Pero hay que intentarlo día a día, celebrando la vida y tratando de hacer más habitable nuestra existencia, preferiblemente de forma comunitaria y con respeto a los procesos individuales.
    Pablo Aceña de Mesa

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