Camino a Guadalupe, buscando otros caminos de peregrinación

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La sombra de José Luis y Raúl a su llegada a Guadalupe. El amplio pasado cristiano de España y la unión de los poderes eclesiales con los poderes políticos durante mucho tiempo han favorecido que, en la actualidad, se puedan encontrar varios caminos de peregrinación que se crearon hace siglos con la intención de fortalecer la identidad propia del territorio así como aumentar las arcas del receptor de la peregrinación.

Es de agradecer el trabajo que la asociaciones de amigos de los correspondientes caminos realizan de manera desinteresada, muchas veces no acompañada por otras medidas, especialmente económicas, desde entidades políticas o eclesiales. Los trayectos se siguen marcando con pintura, se siguen construyendo páginas webs que se esfuerzan por transmitir los valores del camino, su recorrido y las indicaciones necesarias para que no se pierda la tradición.

Que la vida es peregrinar o peregrinar es como la vida será una afirmación que probablemente no haga falta que repita. La propuesta es vaciar nuestra mochila o nuestras alforjas de buena parte de las comodidades que cubren el día a día. Lanzarnos creyendo que será nuestro físico lo que nos permita alcanzar nuestras metas, pero al ir avanzando por el camino descubrir, como una tardía experiencia fundante, que no será el físico –aunque siempre ayuda– sino nuestra fuerza mental la que nos permitirá continuar dando pasos o pedaladas.

Camino a Guadalupe

A principios de noviembre, disfrutando los últimos coletazos de este largo verano que hemos vivido, cargué las alforjas en la bicicleta, que me acompaña cada día en mis quehaceres por la capital, para una peregrinación exprés que me llevaría desde mi casa hasta el monasterio de Guadalupe.

Aunque avanzar en solitario siempre tiene sus ventajas a la hora de conocer tus límites, esta vez consideré que tenía más sentido lanzarme a la aventura acompañado. Así que lo hice con Raúl, un hermano de mi comunidad de fe que me estaba esperando en la puerta de nuestra parroquia al tiempo que el sol luchaba por trepar entre los edificios madrileños.

El puerto de Arrebatacapas en el trayecto del Camino Real de Guadalupe. Queríamos que fuera una aventura deportiva, pero también queríamos que fuese una experiencia espiritual, que nos permitiera conocernos más, profundizar en nosotros a través del esfuerzo, contactar con la naturaleza y hacer un poco de silencio. Seguramente estos razonamientos espirituales hicieron que descartásemos hacer el último tramo del Camino de Santiago. Porque es difícil encontrar silencio, tranquilidad y ese espacio en el que no te sientes como un cliente, sino un caminante que busca. También somos conscientes de que el peregrinar moderno hace que se pierda un poco la aventura, ahora vamos pertrechados con un GPS que nos va indicando en cada momento la posición en la que nos encontramos y la posición que debemos llevar en el camino.

Desde la preparación de la experiencia pudimos sentir el apoyo de la Asociación de Amigos del Camino Real de Guadalupe, correos electrónicos, explicaciones de cada tramo del camino al alcance de la mano o de un click en su página web. Da gusto encontrar personas implicadas en ayudar a otras. Desde estas humildes líneas nuestro agradecimiento y reconocimiento.

También nuestra sorpresa y cariño hacia la asociación fue mayor al comprobar lo bien señalizado que se encontraba en los cruces más complicados. El símbolo no era una flecha amarilla, sino blanca y muchas veces acompañada por las siglas CRG o el logotipo del camino.

Sin duda el trabajo realizado por el Proyecto Itinere 1337 de cooperación interterritorial, formado por 17 grupos de acción local que han conseguido la recuperación de doce caminos de peregrinación al monasterio de Guadalupe, ha sido muy importante. Dicho proyecto ahora ha derivado en Caminos a Guadalupe, una web donde encontrar información y noticias sobre todos los caminos que llegan a este monasterio patrimonio de la humanidad.

A pesar de todo, tengo que comentar que tras finalizar el camino en Guadalupe nos quedó una impresión agridulce. Aunque la sensación de éxito y satisfacción al llegar es única, durante el recorrido sentimos falta de conocimiento por parte de la gente que nos cruzábamos del propio camino que estábamos realizando, incluso de que dicho camino cruzara por su pueblo.

Trayecto del Camino Real de GuadalupeUna de las mayores sorpresas fue el sentimiento de pequeño desamparo que sentimos al llegar a nuestro destino. El horario de misa del peregrino es a las doce de la mañana: es un buen horario pero imposible llegar ni andando ni en bicicleta a esa hora desde el Camino Real. Da la sensación de que se promociona más la peregrinación en coche que la promoción de una experiencia un poco más profunda.

De todos modos, la experiencia es muy positiva. Salir de la urbe para encontrarte de nuevo, para respirar oxigeno y espíritu, para cargar las pilas, aunque las físicas se resientan un poco. Soy consciente de la presencia de Dios en lo cotidiano de la ciudad, en las calles, en las personas que me cruzo y en las actividades diarias de mi vida. Pero también es bueno desconectar para dejar que nos sorprenda a la vuelta de una esquina o del siguiente árbol. En el comentario de un anciano que te pregunta hacia dónde te diriges o en el ciervo que huye del camino al sentir tu presencia.

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