Atraídas por Jesús en medio de la prostitución

iglesia2-5.jpgQuerido José Antonio*:

Lo dices en el prólogo de tu libro Jesús. Aproximación histórica y nos lo recordabas en nuestro encuentro de Ciempozuelos: «Nada me alegraría más que saber que la Buena Noticia de Jesús llegara, por caminos que ni yo mismo puedo sospechar, hasta los últimos». Entre los grupos más olvidados y marginados, hablabas de «las prostitutas esclavizadas por tantos intereses turbios». Nos decías que Jesús las amó de manera especial.

En estos momentos, nosotras te queremos decir que tus deseos se están cumpliendo. Te enviamos un conjunto de testimonios de mujeres que ejercen la prostitución en varios países del mundo. Son mujeres que están tomando parte en grupos donde reflexionamos y oramos juntas con la ayuda de tu libro sobre Jesús. Hemos seleccionado algunos para que puedas captar la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres.

Claro está que habrá gente que no entenderá su «teología», pero Dios se sigue revelando a los sencillos. ¿No nos volvería a decir Jesús aquello que gritó en Galilea? «Las prostitutas entran antes que vosotros en el reino de Dios».

Un abrazo muy grande.

Hermanas Oblatas del S. Redentor

*Carta enviada a José A. Pagola como agradecimiento por el bien que su libro “Jesús, aproximación histórica” está haciendo en distintos sectores de población.

Testimonios…

 Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora me siento con ganas de seguir viviendo porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento.

 Dios esta dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende…!

 He experimentado la presencia de Dios en un viaje a Europa, mi compañera murió en el camino. Dios estaba cerca, lo sentí a mi lado. En aquella mañana sentí que la mano de Dios me guió y su presencia fue muy fuerte…

 Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento.

 Jesús, quiero cambiar de vida, guíame porque tú solo conoces mi futuro…

 ¿Dónde estabas? Cada día que pasa siento más el amor de Dios y me siento acariciada por las personas que Dios pone en mi camino…

 Para mí, el simple hecho de sentir amor en el corazón es prueba de tener a Dios en el corazón…

 Me siento afortunada de haber conocido a este Jesús…

 Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo, yo le llamo y Él me ayuda. Él está cerca de mí, es maravilloso…

 Él me lleva en sus manos, Él me carga, siento la presencia de Él…

 En la madrugada es cuando más hablo con Él. Él me escucha mejor porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada, me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por Él.

 Mi vida en el pasado era un vacío, un vaso quebrado, le coloqué un corazón y se unieron los trozos…

 Un día yo estaba apoyada en la plaza y dije: Oh Dios mío, ¿será que yo sólo sirvo para esto? ¿Sólo para la prostitución?… Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargándome ¿entendiste? Transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?…

 Yo ahora dialogo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera (se refiere a una colega que fue asesinada en un hotel). Te ruego por ella y pido que nada malo suceda a mis compañeras, yo no hablo pero pido por ellas pues ellas son personas como yo.

 Ahora, cuando tengo tiempo, voy a su capilla hecha de troncos cortados por la mitad y de palmas. Se llama la iglesia de la naturaleza. Tienen una capilla para la adoración. Y me encuentro conmigo misma… y no digo “Señor, dame esto o aquello”, estoy sin hacer nada. Sólo a veces canto mi canción favorita «anima Christi» especialmente porque es mi favorita. Yo le canto a Jesús en mis pensamientos.

 Sólo en Jesús puedo confiar… a través de mis lágrimas y orando para sobrevivir.

 Estoy furiosa, confundida, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé ni a quien culpar o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en ti y has permitido que esto me pasara. Ya estoy cansada de echar la culpa a Dios. Pero no me hagas daño. Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero por favor no me dejes de nuevo.

 En Jesús he encontrado el verdadero amor que he deseado conocer y experimentar.

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