Eva deja de ser costilla

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Así dice Galeano:

«La mujer nacida para fabricar hijos, para desvestir borrachos o vestir santos, ha sido tradicionalmente acusada de estupidez congénita, y ha sido condenada a los suburbios de la historia.

Rara vez se habla de las mujeres europeas que protagonizaron la conquista de América o las mujeres criollas que empuñaron la espada en la guerra de la independencia, y mucho menos se habla de las indias y de las negras que encabezaron alguna de las muchas rebeliones de la era colonial. Éstas son las invisibles; por milagro aparecen, muy de vez en cuando, escarbando mucho. Según los boleros, son todas ingratas; según los tangos son todas putas (menos mamá).

En el mundo de hoy nacer niña es un riesgo, subrayan con datos algunas organizaciones y denuncian la violencia y discriminación que la mujer padece, desde la infancia, a pesar de las conquistas de los movimientos feministas en el mundo entero.

En 1995, en Pekín, La Conferencia Internacional sobre los Derechos de las Mujeres reveló que ellas ganan, en el mundo actual, una tercera parte de los que ganan los hombres, por igual trabajo realizado. De cada diez pobres, siete son mujeres; apenas una de cada cien es propietaria de algo. «Vuela torcida la humanidad, ¡pájaro de una sólo ala!». En los parlamentos hay en promedio, una mujer x cada diez legisladores y en algunos parlamentos no hay ninguna. Se reconoce cierta utilidad a la mujer en la casa, en la fábrica o en la oficina, y hasta se admite que puede ser imprescindible en la cama o en la cocina, pero el espacio PUBLICO está virtualmente monopolizado por los hombres.

Las naciones unidas predican el derecho a la igualdad, pero no lo practican: a nivel alto, donde se toman decisiones, los hombres copan ocho de cada diez cargos en el máximo organismo internacional.

Si Eva hubiera escrito el génesis, ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera comenzado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son mentiras que Adán contó a la prensa.»

Y digo yo:

Mi nombre es Silvia Ferrandis, soy mujer, y nunca fui costilla. Aunque lo quisieran o lo hayan querido, yo tuve la suerte de poder elegir, y no aceptar ninguna clase de invisibilización…
Éste sólo es uno de la infinidad de espacios públicos que protagonizo día a día, porque amigos y amigas hay que ser protagonista para cambiar el mundo, no hablamos de fotos ni primeras filas, sino de COMPROMISO, de IMPLICACIÓN, de COHERENCIA, porque soy cristiana, y no debemos parar quietas, quietos ¡hasta la victoria SIEMPRE!

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