
De la mano del evangelio de Lucas estamos en camino hacia Jerusalén. Los relatos que se nos proponen cada domingo nos permiten seguirle la pista a Jesús que, acompañado por sus discípulos, se encamina hacia el lugar donde el amor ya no es sino entrega.
A lo largo de este mes de octubre, escucharemos a Jesús instruir a los discípulos en lo que implica el seguimiento por medio de breves exhortaciones y parábolas. En una de ellas, se nos cuenta la historia de aquel juez “que no temía a Dios ni respetaba a los hombres” (Lc 18,2) y la de aquella viuda “que acudía a él para decirle: hazme justicia contra mi rival” (Lc 18,3). La parábola llegará a la conclusión de que si un juez injusto termina por hacer caso a la viuda, con mucho más motivo lo hará Dios, que se mueve impulsado por la misericordia y que defiende a los débiles. La viuda no desiste en el empeño de que se le haga justicia y ser ignorada reiteradamente por el juez injusto no le hace desfallecer.
[quote_center]Si un juez injusto termina por hacer caso a la viuda, con mucho más motivo lo hará Dios[/quote_center]
¿Una invitación a no caer en el desánimo en la pasión por el Reino? Algo debía estar pasando en la comunidad lucana que llevó al evangelista a encontrar la respuesta en esta historia que Jesús contó en algún momento de su predicación. ¿Cómo gestionar esos momentos de desánimo en el seguimiento de Jesús y el anuncio del Reino? Esta mujer -viuda- y su modo de proceder es propuesta por Lucas como la manera de gestionar esos momentos por los que todos pasamos.
Si nos metemos en la piel de esta mujer y adoptamos su perspectiva, las cosas se ven de otro modo. Y quizá se trata de eso. Cuando el desánimo nos arrebata la pasión y afloja el deseo por el Reino solemos ver las cosas en negro. Ignacio de Loyola hablará en sus ejercicios espirituales de desolación: oscuridad, turbación, inquietud… Es como si enflaqueciéramos y perdiéramos fuelle.
Con una persona que pasa por ese estado de ánimo no sirve la palabra bienintencionada del “venga, anímate” o “ya verás como todo se arregla”. Respuestas de consuelo fácil que, además, no tendrán el efecto deseado.
La perspectiva que adopta la mujer es la de empeñarse y, así, el relato es una invitación a ser gente de empeño (que no es lo mismo que ser empecinados), gente que insiste con tesón, con decisión y determinación. La fuente que nutre el tesón de esta mujer viuda es la certeza de que se le ha hecho una injusticia. ¿Qué nutre nuestro tesón en el seguimiento de Jesús y el anuncio del Reino?
[quote_center]¿Cómo gestionar esos momentos de desánimo en el seguimiento de Jesús y el anuncio del Reino?[/quote_center]
Quizá esos momentos de desánimo pueden ser la ocasión para explorar con mayor hondura cuál es esa fuente, lo que sostiene nuestro empeño. Quizá esos momentos nos permiten reconocer que estábamos agarrados a las ramas del árbol cuando en realidad hay que aferrarse al tronco. Son momentos que nos pueden revelar algo de nosotros mismos que hasta ese momento no alcanzábamos a ver o que no sabíamos ver. Y así, de pronto, el desánimo se transforma en oportunidad para reinventarse en el seguimiento de Jesús.
