Y es que no aprendemos…

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Corría el final del franquismo (año 1974) cuando estalló en nuestro país un escándalo económico-financiero monumental del que no parece que hayamos aprendido la lección. Me refiero al escándalo SOFICO, empresa creada en sus orígenes al albur del boom (ahora le llamaríamos burbuja) inmobiliario de la Costa del Sol para construir, vender y/o alquilar apartamentos turísticos.

El caso, muy resumidamente, es que en un primer momento la venta de los apartamentos se realizaba como debe ser: después de que estuvieran construidos totalmente. Posteriormente la transacción se hacía sobre los planos, cobrándose cantidades a cuenta e incluso en un tercer momento y, como las necesidades financieras acuciaban, Sofico comenzó a captar recursos suscribiendo contratos sobre supuestos apartamentos cuando la verdad es que en muchos casos no habían comenzado las obras o ni siquiera se había adquirido el solar. Sofico Renta, otra de las empresas del grupo, por su parte captaba pequeños ahorradores, admitiendo participaciones de 25.000 pesetas (unos 150 euros) a las que se prometían hasta un 12% de rentabilidad: un sencillo cálculo de los intereses que se debían pagar por lo recaudado (por lo bajo unos 3.200 millones de pesetas/533 si hablamos de euros) fijaba un desembolso anual de 380 millones (de pesetas) que se debían pagar con la única fuente de ingresos que Sofico tenía: la suscripción de nuevas participaciones.

Por cierto, que en 1969 el Ministerio de Información y Turismo premió a Sofico con la “Medalla de Plata al Mérito Turístico”. En 1987, trece años después de estallar el escándalo que acabó en quiebra, se celebró el juicio y se condenó tan solo a dos personas (el dueño de Sofico y su hijo) pero no a toda la camarilla de altos cargos de la Administración, políticos, etc. que intervinieron necesariamente en el fraude: la condena: nueve años que no cumplieron y una indemnización milmillonaria (5.000 millones de pesetas) que no pagaron por declararse parcialmente insolventes.

Escribo esta columna casi treinta años más tarde, el día después de que al patrono de patronos, la persona que fundó empresas turísticas y ¡qué casualidad! la misma que recibió en 1996 casi el mismo premio que Sofico (la Medalla de Oro al Mérito Turístico) le hayan detenido acusado de blanqueo de capitales y alzamiento de bienes, que, dicho sea de paso, nunca sé lo que significa exactamente, pero es un término muy gráfico. Este nuevo detenido fue aquel al que hace un par de años, con la crisis ya en pleno apogeo se le ocurrió aquello de «Solamente se puede salir de la crisis de una manera, que es trabajando más y, desgraciadamente, ganando menos».

A este señor, de nombre Gerardo y apellido Díaz Ferrán se le achaca no haber pagado a acreedores, clientes y empleados de su empresa cuando se declaró en quiebra; haber participado en la estafa en la emisión de pagarés de Nueva Rumasa, haber desviado miles de euros a Suiza intentando escapar al embargo económico que sufre por 417 millones. Este señor está hoy detenido, pero me atrevo a vaticinar que cuando esta escalera vea la luz ya no estará en la cárcel, esperará un juicio que se demorará bastantes años, le condenarán, solo a él y no al resto de amigos, políticos, altos cargos y demás colaboradores, no irá a la cárcel porque ya se encargará el gobierno de turno de indultarle y se declarará insolvente a pesar de que hayan encontrado en su casa 150.000 euros y un kilo de oro (y 400.000 € en la de su compinche).

Y es que no aprendemos. Y no sé si aprenderemos. Vivimos en un país donde se fomenta el fraude fiscal y se perdona con una amnistía (inútil, por cierto); en un país donde el yerno del Jefe de Estado se ha enriquecido supuestamente vendiendo favores y contactos; en un país donde siempre se ha tenido a gala cobrar en negro -sin factura- y el paradigma del éxito era (es) el empresario listillo del puro en la boca y el fajo de billetes en el bolsillo.

PD- Por cierto, si lees esta columna es que el mundo no se acabó el 21 de diciembre como decían los Mayas. O a lo mejor ha llegado “El Gran Cambio” y todo lo que escribo hoy ya no tiene sentido y vivimos por fin en un mundo trasparente, ético, sin ambiciones ni engaños, sin fraudes ni gente que quiera enriquecerse a costa de los otros. ¡Feliz 2013!

ballesteros@cee.upcomillas.es

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