Pienso, luego insisto

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Mordaza bárbara, mordaza ingenua
crees que no voy a hablar pero sí hablo
solamente con ser y con estar
Qué me importa callar
si hablamos todos
por todas las paredes
y por todos los signos
qué me importa callar
si ya sabés oscura
qué me importa callar
si ya sabés mordaza
lo que voy a decirte
porquería

Mario Benedetti. Oda a la Mordaza (fragmento)

Mordaza, según el diccionario de la RAE es un instrumento que se pone en la boca para impedir el hablar. Se amordaza a secuestrados, a los retenidos por la fuerza e incluso a veces a medios de comunicación. Se puede amordazar a alguien con una simple cinta de tela alrededor de la boca, con cinta adhesiva, metiendo un objeto en la boca… En mi Comunidad, la de Madrid, hemos sido recientemente amordazados por ley. Efectivamente, la Ley de Medidas Fiscales y Administrativas, que acompaña los presupuestos de este año 2011 recién estrenado y que fue aprobada por el pleno de la Asamblea autonómica con la excusa de tomar medidas de ahorro, elimina más de 103 órganos colegiados, vinculados a diferentes consejerías, cuyo coste, en la mayoría de los casos, es nulo y en otros es mínimo. Entre ellos han desaparecido el Consejo de la Juventud, el de la Mujer, el Consejo Asesor del Observatorio de la Violencia de Género, el de Servicios Sociales, el Consejo de Salud. También desparecen los Consejos de Cooperativismo y el de Economía Social, el Consejo de Relaciones Laborales, el Consejo de Fundaciones, el Observatorio Regional de Empleo y Formación o el Consejo de Salud y Seguridad en el Trabajo; se elimina el Instituto de Nutrición y Trastornos Alimentarios, el defensor del paciente, el Observatorio de Drogodependencia, el Consejo Consultivo de la Industria y el Observatorio Industrial, el Consejo de Promoción Económica y el Consejo de Promoción Turística.

Posiblemente algunos de ellos ya no sirvieran para lo que fueron ideados, otros estarían sobredimensionados y/o tendrían sus funciones duplicadas, serían meros instrumentos burocráticos y fuente de puestos creados y dotados a dedo. Posiblemente algunos no harían más que dotar de boato y esplendor a quienes en ellos estaban, pero lo cierto es que esta Ley y quienes la han propuesto, votado y aprobado ha amordazado a los ciudadanos y ciudadanas mediante la supresión de los (escasos) medios de participación y expresión de que disponían. Cierto es que la ciudadanía no se indigna, no se levanta de su sillón fácilmente en estos tiempos que corren y que no es fácil hacer participar de la democracia a la mayoría de las personas. Pero eso no quita para que entonces se supriman los cauces para que se pueda, en caso de necesidad o simplemente por voluntad de hacerlo, expresar y participar en la construcción de una sociedad común.

Especialmente doloroso, sin quitar para ello importancia a otras supresiones, ha sido para mí la supresión del CJCM –Consejo de la Juventud. Durante la segunda mitad de la década de los 90 y los primeros años del comienzo del milenio participé más o menos activamente en él, representando en asambleas y grupos de trabajo a Scouts de Madrid mSc, que era por aquel entonces donde mi militancia por un mundo mejor tomaba forma. Allí, en el Consejo, encontré buenos amigos, compañeros con los que he seguido en contacto en otras luchas y otras movidas; asociaciones y movimientos con los que merecía la pena ir de la mano a pesar de las diferencias en puntos de vista y opinión. Tuvimos grandes debates entre las entidades “políticas”, hijas menores de los grandes aparatos de los partidos y las “sociales”. Tuvimos enfrentamientos con parte de la sociedad al sacar y crear campañas provocadoras, sensibilizadoras de realidades y discriminaciones. Reflexionando ahora desde la distancia de casi una década, creo que el CJCM fue para muchos de nosotros una escuela de participación, de debate, de expresión, de tolerancia, de negociaciones y cesiones. Muchos de los que hoy son la parte madura de ONG, asociaciones, cooperativas, de órganos directivos de partidos políticos e incluso diputados o senadores aprendimos en los consejos a participar en los asuntos de la Polis. Pena, mucha pena me da ver cómo nos han amordazado y nos han cerrado una escuela de futuros transformadores del mundo. Y más pena, mucha más pena me da que algunos de los diputados autonómicos que lo han llevado a cabo, hace diez, quince años, aprendían a interesarse por los asuntos de la comunidad en su seno. Espero que el Consejo y sus entidades no descansen en paz sino que, como dice Benedetti siga insistiendo porque sigue pensando.

ballesteros@cee.upcomillas.es

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