Dos pájaros de un tiro

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Me pidieron que este verano acompañara y animara a un grupo de personas que se juntaron en un pueblecillo de Segovia durante tres días a reflexionar sobre cómo transformar el poder en servicio, compartiendo cartel, entre otros, con el inefable Arcadi Oliveres. Nótese que hablo en pasado pero cuando escribo esta escalera aún no sé el resultado ni las conclusiones de dicho encuentro ni tan siquiera lo que voy a decir en él, pero las servidumbres editoriales me obligan a sentarme a escribir esta columna, a mediados de junio y ¿por qué no? a pensar un poco sobre lo que me han pedido, para que me sirva de esbozo y primer guion. Así, de primeras y sin anestesiar, me han pedido que les ayude a responder preguntas tan sencillas como si aún son los movimientos sociales críticos un agente real de transformación. ¿Cómo pueden perdurar en el tiempo sin institucionalizarse? ¿Qué papel tienen y cuál deberían tener los últimos de la sociedad en los movimientos sociales críticos? ¿Cómo potenciar la capacidad transformadora de los movimientos sociales? Casi nada.

Es sabido que tengo una postura crítica y pública hacia cómo, durante la época de vacas engordadas, las ONG y movimientos sociales en general (salvo honrosas y numerosas excepciones) se han dedicado a descuidar sus bases sociales en pro de sus bases económicas. Antes cuidar y mimar al técnico de la administración que mira y valora tu proyecto que a tu socio que puede apropiarse del proyecto y hacer preguntas incómodas. Hace poco escribí aquello de “De socio a donante en apenas diez años” reflexionando y aportando ejemplos de cómo hemos ido primando al socio económico que deja dinero, al que hay que respetar su voluntad por encima de cualquier planteamiento incluso ético. Creo que ya he comentado alguna vez las patadas que sufrí en… el hígado cuando supe de aquel donante que poco menos que condicionaba su generosa aportación a cambio de vivir la experiencia de dormir una noche en una chabola de Kibera. Y las patadas no me las dio él. Me las dio la ONG que aceptó este chantaje. Apadrinamientos, donaciones indoloras, son maneras fáciles de lavar nuestras conciencias.

Pensando en todo esto creo que va siendo hora de diseñar un sistema de indicadores que nos den pistas sobre cuán alternativos somos, cuán transformadoras son nuestras iniciativas, nuestras luchas, nuestras conductas. Personalmente y como promotores o miembros de colectivos. En el primero de los casos tiene que ver con la coherencia; en el segundo, con la responsabilidad. ¿Abrir una cuenta corriente en Tríodos transforma o tranquiliza? ¿Comprar café de comercio justo en Carrefour cambia las cosas o lava imagen? No hay aquí espacio suficiente para desarrollar esto en profundidad –eso sí, si la dire quiere me comprometo a desarrollarlo en un artículo largo, en un folleto…-, pero sí para aportar alguna pista, que empieza con cinco dilemas: ¿somos o estamos? que sería lo mismo que plantear nuestros modelos de participación y de implicación; ¿crecemos o engordamos? que se refiere a nuestras fuentes de ingresos y a los paraqués y porqués de nuestras iniciativas; ¿creamos o repetimos? que tiene que ver con nuestra capacidad innovadora para dar repuestas nuevas a problemas nuevos; ¿decidimos o nos inhibimos? que está conectado con nuestra soberanía y cómo la ejercemos; ¿amamos o deseamos? que no es sino, en el fondo, saber si hacemos las cosas sin esperar nada a cambio (no solo material) o, por el contrario, necesitamos recompensas.

Hay muchas formas de medir las respuestas a estos dilemas: la coherencia interna en la toma de decisiones y en la estructura (decimos ser participativos y democráticos pero, ¿cómo se puede ejercer esa posibilidad en la práctica?); la forma de responder a nuevos cuestionamientos y la aversión o no al riesgo que suponen algunas aventuras.

En fin, que en octubre os contaré si salió algo de todo esto. A un año y poco de aquella acampada en Sol (y en tantas y tantas otras plazas), con un arduo e interesante trabajo en barrios y asambleas locales, en medio de ingentes y crecientes recortes, rescates y desmantelamientos de un bienestar conseguido con mucho esfuerzo estoy convencido de que sólo saldremos de esta con nuevos planteamientos. Y para eso hay que buscar indicadores que nos digan que no le estamos haciendo el juego al sistema (para muestra un botón: el anuncio de Coca-cola sobre las cosas buenas que tiene España, entre otras, la acampada de Sol).

ballesteros@cee.upcomillas.es

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