Un baño de pueblo

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Hace unos años Monseñor Rosa Chávez, Obispo Auxiliar de El Salvador, al hablar de Monseñor Sáenz Lacalle, en aquel momento arzobispo de San Salvador, afirmó delante de un grupo de periodistas españoles que “al arzobispo le faltaba un baño de pueblo”. El que en aquellos momentos ocupaba el lugar de monseñor Romero no entendía a su pueblo y no conseguía comunicarse con él, haciendo unas homilías y circulares que nada tenían que ver con lo que el pueblo estaba viviendo, y en muchas ocasiones sufriendo.

Me ha venido esto a la memoria al ir leyendo y escuchando todas las declaraciones que la Iglesia institución ha hecho en estos últimos tiempos.

Para no irnos muy atrás, pensemos en la condena al padre de Eluana, después de haber vivido un calvario de 17 años con su hija en coma (ver pag. 5)

También la condena del “bebé medicamento” por unos padres de Sevilla, porque “el fin no justifica los medios”, dijo en aquel momento el portavoz de la conferencia Episcopal.

En Recife, Brasil, han excomulgado a la madre y a los médicos que han ayudado a abortar a una niña de 9 años que había sido violada.

El Papa en su viaje a Camerún, vuelve a condenar el uso del preservativo como medio que ayuda para combatir el SIDA.

La Conferencia Episcopal Española arremete nuevamente con una campaña publicitaria comparando la vida de un embrión (aunque lo que aparece es un bebé) que dice ¡Protege mi vida! con la de un lince, especie protegida.

¿En qué mundo viven algunos obispos y los que legislan en la Iglesia? Deberían por un periodo de tiempo poder experimentar en sus propias carnes lo que ha experimentado durante 17 años el padre de Eluana, la madre de la niña de Recife, la mujer que ha sido violada, los que están muriendo a causa del SIDA sin ninguna esperanza para sus vidas, los que tienen que regresar a sus países con sus sueños y esperanzas rotos, los que no llegan a fin de mes, ahogados por las deudas… Un baño de pueblo o ponerse en el lugar de los demás y hacerlo con un corazón compasivo y misericordioso.

Y esto no es demagogia. La campaña de publicidad sí.

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