Rehacer el camino

Comienza el curso y afrontamos, con seguridad, un otoño duro. Un otoño en el que veremos aumentar la pobreza en España. Veremos cómo jóvenes seguirán yéndose a otros países donde se valore más su talento y formación. Veremos irse también a una parte de aquellas personas que llegaron para trabajar en nuestro país y cuyo proyecto migratorio se ha visto frustrado por la crisis. Es posible también que veamos un incremento en la violencia y la delincuencia en una sociedad desesperada.

Se han tomado, desde el poder, medidas para luchar contra la crisis que parecen conseguir todo lo contrario. Piden sacrificios y lo achacan a la herencia recibida, sin recordar que también nos han llevado hasta aquí los proyectos faraónicos, las ciudades de las artes y las ciencias, las intentonas de ser sede olímpica, los aeropuertos sin aviones, las visitas del papa, las jornadas mundiales de la juventud o los milagros económicos basados en burbujas inmobiliarias.

Piden sacrificios a las personas más débiles de la sociedad y lo venden como si fuese la única solución posible, cuando hay muchos otros caminos como son la reducción de gastos para cargos políticos, la interrupción de todas las misiones del ejército en el extranjero, la reforma de la estructura administrativa del Estado, el establecimiento de un impuesto para los artículos de lujo, las ayudas reales a la contratación…

Pero la opción política no ha ido en esa línea y, tras las medidas tomadas por el gobierno de Rajoy en julio, parece que el final de la crisis está aún más lejos. No vemos ese horizonte y es difícil encontrar fuerzas, seguir manteniendo la esperanza. Sin embargo desde alandar sentimos la necesidad de comprometernos con esa esperanza y confiar en que este tiempo pasará, que sacaremos lecciones positivas y que, a través de la solidaridad, podemos lograr mitigar el sufrimiento de esa parte más débil de la sociedad.

Iniciamos el curso con fuerzas pese a la tentación del desánimo y la desesperanza. La carta de Taizé para este año nos impulsa a ello, “conscientes de los peligros y de los sufrimientos que pesan sobre la humanidad y sobre el planeta, quisiéramos no dejarnos sumir en el miedo y la resignación”. ¿Cómo hacerlo? ¿Cuál es la clave?: confiar. Una confianza, que “no es una ingenuidad ciega, sino que proviene de una elección, fruto de un combate interior”. Desde alandar queremos emprender así el curso y afrontar este otoño en el que “cada día se nos llama a rehacer el camino que va de la inquietud a la confianza”. Y, con esa confianza, seguir luchando.

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