Miren sus manos y abran las palmas

Iniciamos el mes de febrero, mes loco según nuestro refranero, con los ecos del viaje pastoral del papa Francisco por la República Democrática del Congo y Sudán del Sur, durante el cual ha recordado los dramas que afectan a la humanidad -las guerras, las consecuencias del cambio climático, la desigualdad rampante que deriva en incumplimiento de los derechos humanos, siendo las mujeres las víctimas que más sufren la falta de reconocimiento de sus derechos. Además, ha repetido con insistencia que la paz, la justicia y la educación son piezas fundamentales en nuestras sociedades y hemos de trabajar para incorporarlas en nuestro día a día, al igual que la solidaridad y la fraternidad. Para ello nos ha dicho que contamos con unas herramientas “un tesoro único, irrepetible e incomparable: nuestras manos”.

“Miren sus manos y abran las palmas” -ha pedido a los miles de personas que hace unos días se encontraban en el Estadio de los Mártires de Kinsasa- añadiendo: “Dios ha puesto en sus manos el don de la vida, el futuro de la sociedad y de este gran país”. En su mensaje papal ha identificado cinco prioridades en cada uno de los dedos de nuestras manos que se corresponden a cinco ingredientes básicos para ir construyendo nuestro futuro, a saber:

  1. La oración, esencial, porque solos no somos capaces de nada. En palabras del papa “nos permite crecer cada día y transformar la contaminación que respiramos en oxígeno vital”.
  2. La comunidad porque “es el camino para estar bien consigo mismo, para ser fieles a la propia llamada” y subraya Francisco que las decisiones individualistas “dejan un gran vacío interior”. Asimismo, destaca el riesgo que supone, actualmente, quedar atrapados en las redes sociales.
  3.  La honestidad es algo imprescindible y nos advierte que lo contrario es corrupción: “Honestidad y corrupción no van juntas”.
  4. El perdón significa saber empezar de nuevo. Para crear un futuro nuevo “necesitamos dar y recibir perdón”.
  5. El servicio. Afirma Francisco: “El que sirve se hace pequeño. Esta es una regla de vida, para cada uno de nosotros.”

Durante su viaje, el papa ha criticado duramente el colonialismo político que se ha traducido en colonialismo económico, sutil y menos llamativo, pero igualmente esclavizante. En una de sus alocuciones, el Sumo pontífice dijo con rotundidad que “África no es una tierra que saquear, ni una mina que explotar” y exclamó “¡Quitad las manos de África!”.

El viaje apostólico de Francisco a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur nos ha mostrado una fortaleza que parece escondida en su aspecto frágil. De hecho, en el avión de regreso a Italia, ha comentado que tiene planificados varios viajes para el año que viene y ha insistido en viajar a Ucrania, con parada en Moscú para reunirse con Vladimir Putin.

Esperemos que sus deseos se cumplan y que miremos nuestras manos, abramos las palmas, como ha pedido en Kinsasa, y respondamos a su pregunta: “¿Para qué sirven mis manos? ¿Para construir o destruir? ¿Para dar o para acaparar? ¿Para amar o para odiar?” iniciando un camino en el que nos encontremos muchas manos llenas con los ingredientes básicos para ir construyendo nuestro futuro; para dar y no acaparar; para amar y no odiar.  

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