Marzo y las semanas que le preceden son un tiempo intenso para muchas mujeres. En este mes se concentran cantidad de actos, que exigen reflexión preparación, ensayos…, hasta que, finalmente, el 8M nos convoca, permite hacer nuestra la calle, nos emociona y nos pone las pilas para seguir construyendo, un año más.
Este 8M se han cumplido 50 años desde que la ONU instauró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En España la primera movilización del 8M fue en 1978, pero antes de esa, aún a las puertas de la Transición, se produjo el 15 de enero de 1976 la primera gran manifestación no autorizada por los derechos y liberación de las mujeres, saliendo en Madrid cerca de 4.000 para protestar por la discriminación que sufrían en los ámbitos personal, laboral, político, cultural, social…Y ese mismo año, en Barcelona, el 16 de noviembre se produjo una marcha multitudinaria reclamando la despenalización del adulterio que, en esa época, se castigaba con pena de cárcel. Es en octubre de 1977, con la firma de los Pactos de la Moncloa, cuando se aprueba una reforma del Código Penal que impulsa el reconocimiento de los primeros derechos para las mujeres en España.
Desde entonces hasta ahora han sido muchos los pasos dados y los derechos alcanzados (¡tanta gratitud hacia las mujeres pioneras que desde hace más de trescientos años supieron rebelarse, poniendo su inteligencia, sus cuerpos y sus vidas en el empeño!), pero sabemos que ni son suficientes ni están blindados.
Los derechos de las personas en general, y de las mujeres en particular, son un fruto delicado, resultado de resistencias y luchas personales y colectivas y, como tales, exigen atención permanente y actitud crítica frente a los que los cuestionan para hacerlos retroceder.
La Iglesia católica no está libre de la discriminación a las mujeres, ni de la lucha de mujeres creyentes y feministas que incansablemente reclaman que sea una comunidad de iguales. El 8M y el resto del año, alcanzando pequeños, pero significativos logros.
Estamos en un tiempo difícil porque en múltiples lugares del planeta (en el 40% de 197 países analizados) los derechos más elementales de las mujeres y las niñas como el derecho a la vida, a los derechos sexuales y reproductivos, a su integridad física, a su educación, a su acceso al ámbito laboral siguen siendo cuestionados y violados: India, Irán, Sudán, Somalia, Siria, Afganistán, Arabia Saudí, Congo, Burundi, Haití, Nigeria…son países especialmente duros para las mujeres y las niñas.
Por eso es preocupante la deriva que en el seno de Europa y desde Estados Unidos nos llega: el patriarcado tiene un caldo de cultivo imprescindible en el sistema capitalista neoliberal que hoy avanza hacia una revisión y revocación de los derechos logrados y debemos mantenernos alertas porque los derechos de las mujeres son derechos para la humanidad toda.
