Invertir en ecocidio: La bota militar aplasta la Tierra

Tras 11 años de crecimiento consecutivo, el gasto militar mundial alcanzó los 2.889 billones de € en 2025, el 2,5 % del PIB global, según datos publicados por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).

En lo que concierne a España, para cumplir con el compromiso adquirido con la OTAN de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar, el Consejo de Ministros aprobó el 22 de abril de 2025 un incremento de 10.471 millones en el presupuesto de Defensa, con un gasto total de 33.123 M€. La cifra real es muy superior a la habitualmente declarada; además, el Gobierno ha echado mano, por primera vez, de otras partidas de carácter militar de otros ministerios y programas, sin especificar cuáles. El SIPRI calcula que el gasto total asciende a 40.200 M€. Por primera vez España aparece en 2025 entre los países con mayor gasto militar del mundo, con un crecimiento en tan solo un año del 50%.

Quizás lo más sangrante es que tal dispendio resulta inútil para los fines -más que presuntos- que aducen. Los llaman “gastos de defensa”, siguiendo la más pura estrategia Poppins (“la peor medicina…)”, pero ¿de qué nos defienden? Lo que amenaza la vida de las personas reales (“Desde aquí arriba sólo se ven números” dibuja El Roto) es no tener techo, acceso a salud y educación pública, tener que elegir entre comer o pagar la electricidad, y fruslerías así. “El gasto militar excesivo – denuncia Antonio Guterres, Secretario General de la ONU – no garantiza la paz”.

Y de la mayor amenaza que se cierne sobre la especie humana y casi toda forma de vida sobre la Tierra, la crisis climática, no sólo no nos defienden estos belicosos dispendios, sino que la alimentan. Un dato actual: la destrucción de más de 300 instalaciones militares y petroleras a comienzos de marzo liberó una “lluvia negra” tóxica sobre Teherán, desatando una crisis ecológica que puede durar años y que afecta a sus más de diez millones de habitantes en contaminación atmosférica e hídrica.

Según un informe del Transnational Institute, con la colaboración del Centre Delàs, “las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático sufren un déficit crónico de financiación de miles de millones de dólares, lo que profundiza la crisis climática y sus efectos en la ciudadanía de todo el mundo.” De hecho, la adopción del objetivo del 2% de la OTAN ahonda este déficit, puesto que el incremento previsto de los presupuestos militares hará crecer considerablemente las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) de origen militar y desviará fondos de la acción climática. Para los miembros europeos de la OTAN, el esfuerzo de 1 billón de euros adicional necesario para alcanzar el 2% del PIB equivale al billón de euros que se necesita para el Pacto Verde Europeo. La gran beneficiaria es la industria armamentista, que presiona para que estos flujos de beneficios sean permanentes

Los objetivos de la OTAN comportarán un incremento de las emisiones justo cuando la crisis climática se agrava y absorberá los recursos económicos que se destinan a la financiación climática, ya escandalosamente insuficiente. “Constituye además una distracción política que desvía la atención de la mayor crisis de seguridad que ha sufrido nunca la humanidad: el colapso ambiental. La seguridad común e incluso la propia vida en la Tierra dependen de un único objetivo: la lucha urgente por el clima asumida por todos”, advierte el citado informe.

Por eso, si la prioridad es cuidar y garantizar la vida sobre la Tierra, es de lo más apropiado pronunciar una de las palabras más positivas: NO. En este caso, NO a los gastos militares. Se llama objeción fiscal.

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