Gracias, D. Joaquín

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Muchas fuimos las personas que pudimos participar en la Eucaristía celebrada en Madrid en memoria de D. Joaquín Ruiz Giménez. Salimos de allí dando gracias por su vida y pidiendo que cunda su ejemplo entre los hombres y mujeres que formamos la Iglesia.

La biografía de D. Joaquín en extensa. Murió el 27 de agosto, a los 96 años, y durante toda su trayectoria ejerció una gran actividad. Fue el primer Defensor del Pueblo en la Democracia (1982-1987), Embajador ante la Santa Sede entre 1948 y 1951 y Ministro de Educación de 1951 a 1956, fue una de las figuras políticas clave en la Transición española. En 1963 fundó la revista Cuadernos para el Diálogo punto de encuentro de todos los sectores democráticos.

En 1988 fue elegido presidente del Comité Español de UNICEF, cargo en el que permaneció hasta 2001 y que compatibilizó con el de vicepresidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Quien escribe estas líneas da testimonio de su hospitalidad y sencillez para todas y todos sin distinción de clase ni condición.

Reproducimos unos párrafos de su testamento que dan cuenta del talante de persona:

«Me declaro ser cristiano en el seno de la Iglesia Católica y pido a Dios con todas mis fuerzas que me conserve la fe, la esperanza y la caridad y me ayude con su gracia a trabajar hasta el final con el espíritu del Concilio Vaticano II, por la unión de todas las Iglesias cristianas y por el diálogo y la hermandad entre todos los hombres, sin discriminación alguna.

Deseo ser enterrado con sencillez, sin aviso público ni esquela previa. Pido a mi esposa e hijos, que sustituyan toda honra fúnebre, incluso el funeral acostumbrado, por limosnas a familias necesitadas… Igualmente pido que en la lápida de sepultura sólo se ponga nombre y apellidos, profesor de Universidad, sin ningún otro título o cargo.»

Algunos lectores de alandar nos habían pedido que este editorial lo dedicáramos a Juan Masía y al nuevo atropello que se cometió con él, por parte de la Conferencia Episcopal, en el mes de julio pasado. Pedimos disculpas a los que habíamos prometido hacerlo y esperamos que entiendan que prefiramos fijarnos en los signos de VIDA, que también tenemos en nuestra iglesia, y dediquemos estás líneas a un hombre que ha trabajado toda su vida, desde su ser creyente, por la libertad, por el diálogo y el entendimiento.

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