Terminábamos el año con la activista por los Derechos Humanos Helena Maleno de camino a comparecer frente a un juez en Tánger. Acudía en calidad de investigada ni más ni menos que por supuestos delitos de tráfico de personas y de delitos contra la humanidad. A ella, que ha salvado incontables vidas de morir ahogadas en el Estrecho por su dedicación desinteresada. A ella, que es la primera escucha de las voces que claman desesperadas desde el otro lado de la frontera (tanto es así que la conocen cariñosamente como “Mama África”). A ella, que lleva dejándose la vida y las emociones desde hace años precisamente para luchar por esas personas.

El mero hecho de investigar a Helena Maleno por salvar vidas en la frontera es una condena de facto a la solidaridad en pleno y a aquello que queda de Humanidad en esta Europa cada vez más atenazada por el miedo. No se puede penar el acto de ayudar al que se ahoga en el Estrecho, ni tampoco alimentar o acompañar al médico a quien lo requiere, sea de la nacionalidad que sea o tenga los papeles que tenga.

Es por esto que juzgar a Helena es juzgar a todas las personas que creemos que las fronteras son una guerra abierta contra la pobreza. Es por esto que tenemos que estar al lado de Helena y que hemos firmado, a través de nuestro director, el manifiesto de apoyo protagonizado por 200 personalidades de la cultura. El 10 de enero se reanuda la investigación. No dejemos de estar pendientes y defender a quien defiende.