Adelante, revoltosas… Y ¡Gracias!

La Revuelta de mujeres en la Iglesia en nuestro país, vinculado a numerosos colectivos y grupos similares en Europa y el resto de continentes, es realmente hoy un signo de los tiempos.

Su empeño para que la Iglesia asuma y se construya desde la igualdad entre hombres y mujeres ha generado el que es, probablemente, el movimiento eclesial más revolucionario de los últimos años. Y, aunque sus cifras son todavía modestas, su crecimiento es imparable. Salieron por primera vez a la calle a reclamar “una Iglesia de iguales” en el año 2020 en 5 ciudades españolas. Este 2024, su protesta se hace oír en 26 ciudades.

Su lema principal sigue siendo el mismo: “Hasta que la igualdad se haga costumbre”,

enriquecido con otros que se han ido incorporando en años sucesivos como “Si las mujeres callamos, gritarán las piedras”, “En la Iglesia, con voz y voto”, “Caminamos juntas por la dignidad y la igualdad en la Iglesia”, “Memoria y esperanza”…

La Revuelta es la movilización de grupos y colectivos de mujeres cristianas feministas que dicen basta a un funcionamiento eclesial basado en el control total por parte del clero, en el que los laicos tienen poco que decir y las laicas aún menos, porque la máxima representación y dignidad se reserva para los curas, en su doble condición de hombres y ordenados.

¿De dónde vienen estas mujeres? De colectivos como Mujeres y Teología, Dones de la Esglèsia, Mulleres Cristiás galegas, a Comunidades de base y movimientos eclesiales de la Acción Católica especializada (HOAC, JEC). Y con una importante contribución desde el inicio de la Asociación de Teólogas Españolas (ATE), la Red Miriam de Espiritualidad ignaciana y diferentes congregaciones religiosas. Por eso, no es de extrañar que la Teología y la Espiritualidad feministas y el Compromiso social sean los tres pilares que sustentan la Revuelta. A ello se une una posición comprometida en la denuncia de los abusos sexuales, de poder y conciencia en la Iglesia y acompañamiento a las víctimas. La Revuelta colabora especialmente para dar visibilidad a los abusos a mujeres adultas, sobre los que existe menos conocimiento y menor sensibilidad, reclamando para todas las víctimas verdad, justicia y reparación.

Los tiempos eclesiales los están marcando las mujeres. Los avances recientes en esta materia -véase la votación por primera vez de mujeres en el Sínodo, nombramientos importantes de mujeres en el Vaticano, los comentarios del Papa de que “hay que desmasculinizar la Iglesia”- han venido forzados por la presión que, desde hace décadas, ejercen estos grupos feministas católicos que ahora tienen más visibilidad pero que han tenido una larga gestación. Sin embargo, la pesada nave de la Iglesia avanza muy despacio en esta materia. Para realizar la igualdad, hay que cambiar las leyes y normas de la Iglesia, pero, sobre todo, hay que cambiar las mentalidades.

La Revuelta debe ser un incentivo para que, en cada parroquia, en cada comunidad, en cada movimiento, se aborde el tema de la igualdad, porque ya urge una toma de conciencia colectiva sobre la desigualdad entre hombres y mujeres que vivimos en esta Iglesia patriarcal y medieval en tantos aspectos. Por lo ya conseguido y por el empuje que tienen para lo que falta aún por construir, hay que darles un GRACIAS enorme a estas mujeres en Revuelta.

El lema de la Revuelta se ha ampliado ahora a “Hasta que la igualdad, la justicia y el cuidado de la Casa Común se hagan costumbre en la Iglesia y en el mundo”.

Desde Alandar, nos apuntamos. Que la luz que revelan y la creatividad y pasión que les alienta sean palanca de cambio en esta vieja Iglesia, que necesita urgentemente recuperar la novedad y frescura radical que supuso el Evangelio como fundamento de igualdad.

¡Adelante, Revoltosas!

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