Violencia de género, el objetivo olvidado

documentos2522.jpgEn esta fecha se conmemora el violento asesinato, en 1960, de las hermanas Mirabal —militantes opositoras de la dictadora que ejerció Leónidas Trujillo en la República Dominicana durante más de 30 años—, un símbolo indiscutible de fuerza en las mujeres.

Desde alandar nos unimos a todos los esfuerzos que se están haciendo para eliminar esta lacra de la humanidad. Reproducimos este artículo difundido en septiembre pasado por la Agencia de noticias IPS (www.ipsnoticias.net.)

Joyce y Tanya son dos mujeres de diferentes edades, nacionalidades, culturas y religiones. Pero comparten algo: ambas se convirtieron en víctimas de un objetivo no alcanzado.

La directora ejecutiva del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), Inés Alberdi, lamenta que la violencia de género no esté abordada explícitamente por los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio.

Estos, definidos en 2000 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), incluyen reducir a la mitad la proporción de personas que padecen pobreza y hambre (en relación a 1990), garantizar la educación primaria universal, promover la igualdad de género y reducir la mortalidad infantil y la materna.

También, combatir el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), la malaria y otras enfermedades, asegurar la sostenibilidad ambiental y crear una asociación mundial para el desarrollo, todo esto con 2015 como fecha límite.

Joyce fue violada durante el caos post-electoral en Kenia, mientras que Tanya fue víctima de violencia doméstica en Nueva York.

«Mi esposo me golpeaba cuando yo estaba embarazada de su hijo. Me aisló de mi familia y me mantuvo como rehén en nuestro hogar», contó a IPS Tanya, de 42 años. Tras cuatro años de miedo y sufrimiento, cuando su marido mató al perro y amenazó a sus hijos, ella se fue.

Funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señalaron que la lucha contra este problema avanza en algunos frentes. «Más gobiernos que nunca tienen a la violencia contra las mujeres en sus agendas», dijo a IPS María José Alcalá, alta consejera de Unifem.

Ahora es una oportunidad histórica de «cambiar corazones y mentes» para superar «la limitada voluntad política de muchos países» e impedir que sigan considerando este mal un asunto privado o cuestión de mujeres, agregó.

Aunque el problema no es abordado explícitamente por los Objetivos del Milenio, el secretario general del foro mundial, Ban Ki-moon, subrayó en su último informe ante la Asamblea General que este tipo de violencia es un asunto de derechos humanos que plantea un serio obstáculo a la consolidación de la paz y el logro de las metas.

«La prevalencia de la violencia de género tiene repercusiones serias, entre ellas la exposición al VIH/sida, otras enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y el abandono de las víctimas por parte de sus familias», destacó.

Mientras muchos estados miembro comienzan a implementar una resolución sobre «eliminar la violación y otras formas de violencia sexual» que la Asamblea General aprobó en febrero, el secretario general se prepara para informar de estos avances en la sesión de ese órgano la semana próxima.

Tailandia, por ejemplo, enmendó su código penal para ampliar la definición de violación, de manera que todos los tipos de penetración sexual estén cubiertos por la ley. Quince de los 28 estados africanos donde prevalece la mutilación genital femenina han convertido esto en un delito en el marco del derecho penal. Y Turquía, Venezuela y México aprobaron leyes para penalizar la violencia doméstica.

En Kenia, la llamada Comisión Investigadora Waki estudia casos de violencia sexual cometidos durante la crisis post-electoral a comienzos de este año. Países como Argelia, Bulgaria, Chile, Alemania, Macedonia y Vietnam concluyeron varios acuerdos bilaterales para combatir juntos la violencia contra las mujeres.

Sin embargo, «no es suficiente que estas leyes existan ahora. Tienen que ser interpretadas a nivel local», dijo a IPS Millicent Obaso, consejera regional sobre VIH/ sida de la organización Care en África oriental.

Las agencias de la ONU podrían trabajar juntas, más de cerca con las organizaciones no gubernamentales locales, agregó.

«La violencia contra las mujeres todavía es una epidemia que no se relega a una cultura o país específico», dijo Alcalá a IPS. Las raíces subyacen en las relaciones de poder, históricamente desiguales, entre hombres y mujeres.

Pero «la cultura a menudo ha sido usada para perpetuar la violencia contra mujeres y niñas», dijo a IPS Aminata Touré, encargada de cultura, género y derechos humanos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

«Por ejemplo, la mutilación genital femenina es practicada en adolescentes, y en algunos países niñas o mujeres son asesinadas en nombre del honor», a menudo con total impunidad, agregó.

La violación también es usada todavía como «táctica de guerra», como declaró el Consejo de Seguridad de la ONU en una resolución aprobada en junio. Los grupos insurgentes no son los únicos culpables. También lo son soldados, policías e incluso, en algunas instancias, trabajadores de la ONU y cascos azules.

Cientos de mujeres son violadas en la occidental región sudanesa de Darfur, así como en muchas otras en situaciones de conflicto y post-conflicto alrededor del mundo.

«Dos de mis vecinos irrumpieron en mi casa, me atacaron con machetes y me golpearon en las costillas antes de violarme», dijo Joyce, recordando la pesadilla que tuvo que soportar y que todavía la acosa.

Con su peluquería incendiada y tras ser echada de su hogar cuando su esposo descubrió que estaba infectada con VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) como resultado de la violación, ahora Joyce vive con sus cuatro hijos en un campamento de desplazados junto a otros cientos de personas en un suburbio de Nairobi.

Su hija va a la escuela con los hijos de quienes la violaron a ella. «Ahora que yo podría escapar y sobrevivir, ellos pueden intentar matar a mi hija», dijo Joyce.

Vivir en un permanente estado de temor es apenas un efecto latente que comparten las víctimas de todas las formas de violencia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 40 y 70 por ciento de las mujeres asesinadas en Australia, Canadá, Estados Unidos, Israel y Sudáfrica son víctimas de sus propias parejas. En este contexto, este tipo de violencia es la más difundida.

Algunas mujeres aparentemente corren un riesgo mayor de convertirse en víctimas. Según el informe 2008 sobre violencia de compañeros íntimos contra las mujeres realizado por el Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York, las negras y latinoamericanas tienen el doble de probabilidades que las de otras comunidades de ser asesinadas o heridas por su pareja.

En América del Norte, Australia y Europa, alrededor de la mitad de las mujeres con discapacidades han experimentado abusos físicos, en comparación con un tercio de las no discapacitadas.

«Muchas son estigmatizadas y traumatizadas, a veces incluso doblemente. Primero son víctimas de violencia, pero también se las deja solas, sin ninguna protección de la ley», dijo a IPS Sheila Dauer, especialista en derechos humanos de la filial estadounidense de Amnistía Internacional.

En países como Pakistán y Jordania, por ejemplo, leyes discriminatorias equiparan violación con adulterio, y las propias víctimas terminan siendo arrestadas y encarceladas, agregó.

«Cuando las mujeres son abandonadas por sus familias viven en las calles, donde son más vulnerables a los abusos sexuales», o donde tienen que esforzarse más para conseguir alimentos para sus hijos, dijo Obaso, de Care, en Kenia.

Ésta es una de las razones por la que se reportan tan pocas violaciones contra las mujeres y por las que los datos y las estadísticas sobre violencia contra ellas todavía es insuficiente para realizar un control mundial, dijo a IPS Francesca Perucci, de la División de Estadísticas de la ONU.

Ahora la ONU trabaja para elaborar una base de datos sobre violencia contra las mujeres.

Recabar estadísticas sobre el alcance del problema permitirá a la ONU y a las organizaciones no gubernamentales ayudar a mujeres como Joyce y Tanya. Y tal vez la base de datos permita que el asunto sea tratado por los próximos Objetivos del Milenio también.

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