El pasado mes de Junio miles de personas nos concentramos en las principales ciudades de nuestro país convocados por los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, para exigir un pacto social contra los efectos económicos y sociales de la pandemia y acabar con la confrontación política. El propósito de estas movilizaciones fue exigir acuerdos de país para lograr la reconstrucción social y para fortalecer nuestros servicios públicos tras la crisis en la que estamos sumidos.

Esta profunda crisis que está provocando la pandemia de la Covid19 para los trabajadores y trabajadoras más humildes y desprotegidos, no es sino la continuación de la permanente crisis en la que los ha sumido un sistema que perpetúa y acrecienta la desigualdad. Tenemos delante dos caminos: uno, seguir intentando en vano buscar salidas con la misma lógica de sacralización de la apropiación y acumulación excluyente de los bienes, que no hará más que aumentar la catástrofe humana y ambiental, porque es el problema, no la solución. El otro, decidirnos de una vez porcaminar en la dirección del destino universal de los bienes, haciendo una distribución mucho más justa de la riqueza social. Solo en este camino podremos encontrar respuestas humanas y hacer frente al actual desastre socioambiental. La crisis nos sigue poniendo a prueba como sociedad y nos ofrece la oportunidad de crecer en humanidad, cuidando su fragilidad. Sin la prioridad del cuidado de los más frágiles no existe el bien común.

Esta crisis de la Covid19 ha surgido en un entorno mundial dominado por el capitalismo. Pero el capitalismo hace tiempo que dejó de ser solo un modo de producción para convertirse en una civilización que lo impregna todo, que impone su racionalidad a todo, incluso a las nuevas formas que tratan de escapar a su lógica. El capitalismo impregna también las prácticas humanizadoras, los estilos de vida alternativa, las políticas de progreso, las políticas sociales, etc.

Es complicado revertir las consecuencias de esta pandemia desde la lógica capitalista en estos momentos de reconstrucción. Por eso hemos de poner mucho más empeño, también desde la Iglesia, en dar visibilidad y hacer crecer las experiencias alternativas en la forma de ser y trabajar.

No podemos obviar que las medidas tomadas por el actual gobierno son paliativas o, dicho de otro modo, evitan que algunas personas pobres sean más pobres todavía. Pero hay que dar más pasos para revertir esta lógica capitalista y abrir grietas en este muro que por momentos parece impenetrable. Exigiendo medidas estructurales, como la derogación de las reformas laborales, la de 2010 y la de 2012, principalmente. Medidas económicas, de carácter fiscal. Medidas protectoras de derechos fundamentales, como el derecho de huelga y reunión que la famosa ley mordaza amordazó. Medidas de regulación de las más de 800.000 personas migrantes que viven en nuestra sociedad. Medidas efectivas para implementar algunos de los objetivos de la agenda 2030… Y algunas más. Estas medidas no tomadas son las que de verdad hacen daño, a los y las trabajadoras.

Pero no es tiempo de temor sino de amor. Un amor que transforma. Y la transformación pasa necesariamente por medidas políticas concretas que reviertan esta situación desde otra lógica y potencien esas experiencias alternativas en la forma de ser  y trabajar.

San Pedro Crisólogo decía: “Al ver al mundo oprimido por el temor, Dios procura continuamente llamarlo con amor; lo abraza con su afecto… para que este amor… borre todo temor, que es propio de la esclavitud”.

Afuera todas las esclavitudes. Con ánimo, a reconstruir y reconstruirnos. Ni más ni menos.