Elena (nombre ficticio) vino al sindicato. Decidió dar el paso. Estaba cansada. No le pagaban el plus de nocturnidad. Ni la manutención. No le daban los horarios de trabajo con un mínimo de antelación. Había cuestiones de salud laboral que debían tenerse en cuenta para evitar algún accidente grave en sus puestos de trabajo. Seguía con 20 horas de trabajo tras varios años en la empresa y veía cómo a compañeros que llegaban después se les daban 40 horas mientras que a ella se le negaba sistemáticamente la ampliación de jornada.

Dialogando con ella, hablamos sobre la necesidad de plantear elecciones en el centro de trabajo. Son trece trabajadores y por tanto pueden contar con representación legal para reclamar las cuestiones que la empresa no está cumpliendo respecto al convenio de aplicación que tienen. La reclamación colectiva de derechos siempre tiene más fuerza que las peticiones individuales. Los empresarios de hostelería en esta provincia rara vez cumplen con todo lo que establece el convenio. Así que nos ponemos manos a la obra y convocamos elecciones. Llega el día de la constitución de mesa y ¡sorpresa!, además de la candidatura de Elena, la encargada Pepi (nombre también ficticio) presenta candidatura con otro sindicato. Un sindicato “independiente” aseguran. Ni de derechas ni de izquierdas afirman. Pero es curioso que un sindicato avale la candidatura de la encargada del negocio. Porque Pepi es la que hace los horarios, a la que tienes que pedir las vacaciones, la que te da permiso para ir al médico, la que firma los despidos, la que cobra un poco más que los demás para dar la cara por el empresario, que anda por Madrid o Barcelona.

Llega el día de la votación. Elena ha explicado que pretende representar los intereses colectivos de la plantilla en las cuestiones y condiciones referidas al convenio y que la van a tener a ella y al sindicato que representa, disponibles para lo que sea preciso. Finalmente votan 11 miembros de la plantilla. El voto es secreto. Es poco probable que los trabajadores elijan a la encargada para representarles. Pero Pepi es elegida por mayoría. Los empleados la votan, pese a presentarse por un sindicato que no negocia el convenio que se les aplica, pese a que la empresa es la que la ha puesto allí, en la candidatura de un sindicato “complaciente”.

Pepi, como delegada de los trabajadores en la empresa, podrá firmar procedimientos en nombre de todos los trabajadores: descolgándose del convenio para dejar de aplicar los salarios durante un tiempo; un ERTE (suspensión temporal de contratos y reducción temporal de jornada) o la modificación de las condiciones de trabajo. Vamos que puede suceder que el delegado firme acuerdos incluso en perjuicio de la plantilla. Pero la elección ya está hecha.

Tras la finalización de la campaña de deslegitimación contra los sindicatos que curiosamente coincidió con los momentos más crudos de la crisis, toca reivindicar su papel en la conquista de los derechos sociales y laborales. Y toca desenmascarar a los “pseudosindicatos” que aparentan defender a la clase trabajadora, pero que suelen ponerse del lado de la parte empresarial. Toca recomponer la cultura obrera, de solidaridad que históricamente manifestó la clase obrera. Y es que en ocasiones parece que los propios trabajadores quieran perder derechos o les dé igual reclamarlos porque los desconocen.

Gracias Elena. Mil gracias por presentarte, por dar la cara, por implicarte y complicarte y queda tranquila. Para mí y para muchos has sido ejemplo. Nadie tiene la obligación de defender a quien no quiere defenderse a sí mismo.

Creo que no ha salido en ninguna de nuestras conversaciones, pero mi implicación en los sindicatos, en la política… nace de mi fe y tu manera de abordar todo este proceso me reafirma en aquella frase del Evangelio: “la verdad os hará libres”. Un abrazo y sé que serás feliz donde estés, luchando por la justicia.