Infancia y crisis

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Hay veces en que uno preferiría no tener razón… pero la realidad es muy tozuda y, aunque no queramos, a menudo se acaba imponiendo. Y me explico: cuando me incorporé a mi actual trabajo en UNICEF, uno de los primeros proyectos en los que me ví inmersa fue la elaboración de un informe sobre la realidad de la infancia en España. Al cabo de unos meses el proyecto vio la luz, con un foco especialmente puesto en la problemática de la pobreza infantil en nuestro país. La verdad es que el informe fue, en general, muy bien recibido, pero todavía recuerdo con nitidez un comentario recibido a través de la web, en el que más o menos nos decían que debíamos estar muy aburridos (o muy necesitados de justificar nuestra existencia) para inventarnos chorradas así.

Me temo que ahora, cuando estamos a punto de lanzar nuestro segundo informe al respecto (ya estará publicado cuando esta columna vea la luz), no recibiremos ningún comentario de este estilo. Lamentablemente, ya no hace falta explicarle a nadie que en España también hay niñas y niños pobres. Obviamente no estamos hablando de los niveles de pobreza y desnutrición que hoy mismo viven en el Sahel, pero sí de más de dos millones de niños y niñas que viven en familias por debajo del umbral de la pobreza. Y, como no podía ser menos, se trata de un indicador que está empeorando con rapidez, hasta alcanzar el triste logro de que los niños y niñas son, a día de hoy, el colectivo de edad más empobrecido en nuestro país.

¿Por qué ellos? Históricamente, la tercera edad ha sido el sector de población más pobre, pero el efecto combinado de las medidas económicas (fundamentalmente las pensiones), sociales y políticas ha ido propiciando un descenso significativo de sus niveles de pobreza. Sin embargo, las familias jóvenes con hijos se están viendo duramente afectadas por la crisis. Por poner sólo un ejemplo, el número de hogares con menores con todos sus miembros adultos en el paro creció un 120% entre 2007 y 2010, frente a un 62% en el total de los hogares.

No quiero aburrir al lector con estadísticas, pero no puedo evitar hacer mención a una que me ha llamado especialmente la atención. Se trata de la tasa de privación material, que mide el número de niños y niñas que no disponen de dos o más bienes básicos (comer tres veces al día, un sitio tranquilo para hacer sus deberes, algunas ropas nuevas…). Pues bien, en España se estima que son un 8’1% los y las menores de edad que se encuentran en estas circunstancias, lo cual no es muy halagador pero no nos sitúa en una posición escandalosa en el seno de la UE. El problema viene cuando pasamos de las estadísticas generales al análisis de colectivos específicos. El porcentaje sube al 15’3% cuando hablamos de niños y niñas viviendo en familias monoparentales, al 19’4% en el caso de la población migrante y hasta un escandaloso 33’5% cuando se trata de los niños y niñas que viven en hogares con todos los adultos en paro.

Pero siendo grave, lo peor de todo no son siquiera estos datos. Peor es que apenas hablemos de ello. Y peor aún es que las medidas que se toman para tratar de atajar la crisis no sólo no tienen en cuenta este panorama, sino que corren el riesgo de agravarlo, puesto que el acceso a servicios públicos de calidad es uno de los factores críticos para luchar contra la pobreza infantil.

Termino citando literalmente otro informe de UNICEF: “Porque los niños sólo tienen una oportunidad para desarrollarse con normalidad mental y físicamente, el compromiso de protegerles de la pobreza debe cumplirse en los buenos tiempos y en los malos. Una sociedad que no es capaz de mantener este compromiso, incluso en tiempos de dificultad económica, es una sociedad que está fallando a sus ciudadanos más vulnerables y que además está acumulando problemas económicos y sociales que se volverán inmanejables en los años venideros”.

UNICEF publicó el pasado mayo el Informe sobre la infancia en España 2012-2013. Puedes descargarlo, así como ver más materiales, imágenes y documentos en este enlace.

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