Evitar la sociedad dual

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España, como Europa entera, ha entrado en una espiral económica y social degenerativa que apunta a un difícil horizonte de recortes sociales y en la inversión pública que pone mayores interrogantes al escenario de recuperación económica.

Pero lo cierto es que no habrá “normalización”. En el caso español, al menos no hay vuelta atrás, pues los años dorados de nuestra economía estuvieron marcados por la construcción y ese es el camino que nadie desea hoy. Hacia adelante se vislumbra un doble reto: la generación de oportunidades de inversión y creación de empleo y evitar convertirnos en sociedades duales, una característica muy definitoria de América Latina, que el difunto Luis de Sebastián analizó en varios de sus libros.

La llave de casi todo se encuentra en el campo de la fiscalidad y la tributación. Necesitamos una fiscalidad que por una parte anime la inversión y por otra no nos convierta en un país, en una Europa, de ricos y pobres. El gran éxito del modelo social europeo ha sido ese, precisamente: construir sociedades cohesionadas que, gracias a la redistribución -fruto de la acción pública- equilibran las oportunidades mejorando las de quienes tienen menos recursos. Actualmente, el reto para evitar caer en la sociedad dual, que en sí misma implica un freno al crecimiento económico y avance social, está en revisar lo que debería ser a día de hoy una fiscalidad justa.

Y ese menú tiene al menos cuatro ingredientes. El primero, impuestos progresivos a la renta personal y societaria, con exenciones para las rentas más bajas y en el caso de las sociedades, escalones inferiores para las iniciativas nuevas y aquellas que crean más empleo. Segundo, impuestos indirectos que se reducen para los artículos de primera necesidad pero crecen para aquellos otros que consumen solo los grupos sociales con más recursos o que recaen sobre consumos con consecuencias negativas para la salud o para el medio ambiente (alcohol, tabaco, combustibles fósiles). En tercer lugar, persecución sin cuartel de la evasión fiscal para devolver a la ciudadanía todos aquellos recursos que hoy se escapan de las arcas públicas hacia los paraísos fiscales. Y el cuarto, impuestos a los sectores no gravados con más responsabilidad por la crisis, en particular el establecimiento de tasas a las transacciones financieras.

La otra cara es el lado del gasto: priorizar el gasto orientado a la equidad social -educación y salud pública universales y, al menos para los sectores de menor renta, gratuitas-, servicios adecuados de atención a la dependencia y contribución a la cooperación internacional para el desarrollo. Por último, promover la innovación, la investigación y la búsqueda de nuevas oportunidades para una economía paralizada, dando impulso en particular a nuevas iniciativas de economía social.

De modo que necesitamos acción local con una fiscalidad revisada que incluya políticas que eviten la evasión, protejan el ingreso de esos amplios sectores empobrecidos de la sociedad y orienten el gasto a proteger sus derechos y a mejorar sus oportunidades de movilidad y desarrollo social. Y acción internacional, persiguiendo el dinero que escapa cada año por miles de millones de euros de las arcas públicas para llenar bolsillos particulares en paraísos fiscales, implantando tasas a las transacciones financieras y protegiendo la cooperación al desarrollo de la ola de recortes.

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