2011: cinco factores de cambio para una década

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1. Viejas potencias deprimidas: incertidumbre, desempleo y menos derechos. La crisis económica empezó a fines de 2008 y en 2011 sigue con nosotros y amenaza con agravarse. Esa incertidumbre en el mundo rico supone menos empleo, pérdida de derechos sociales y laborales y una notable radicalización de los debates sociales, con la ultraderecha en los parlamentos de buena parte de los países de la UE y los inmigrantes en el punto de mira. En particular, Europa, acomplejada por su debilidad económica, se ha replegado en su acción política global y está dejando de lado su papel como expresión de un “modelo social de mercado” con bienestar económico y social.

2. Un poder mucho más repartido, una economía más diversa. Una región, Asia, crece y avanza por delante del resto y, aunque los derechos laborales y usos ambientales no sean los adecuados, la gran noticia es que cientos de millones de personas están saliendo de la pobreza y se alimentan mejor cada día –también consumen y contaminan más, por supuesto. Por otro lado, China, Brasil, India, Rusia o Sudáfrica son parte del poder económico y político global: un mayor reparto de poder saludable pero que tampoco garantiza un tratamiento orientado al bien común de las personas y el planeta. Se trata ni más ni menos que de los “nuevos ricos” del mundo, con graves carencias democráticas en muchos casos y con mucho camino por delante: la pobreza sigue siendo enorme en Brasil o la India, los saltos de nivel de desarrollo son cosa de décadas. Hoy el gran foro político es el G20, que ya les incluye, y no en el viejo club de los ricos de antes, el G8. Pero el foro democrático por antonomasia, las Naciones Unidas, sigue sin que se les atribuya el papel dominante que les corresponde.

3. Recursos escasos y tensión por los alimentos, el petróleo y el agua. Cientos de millones de personas afortunadamente pueden comer mejor, la población mundial sigue creciendo rápido y la producción de alimentos no progresa igual por decisiones humanas: dedicar comida a producir combustible –los biocombustibles, subvencionados en Europa, EEUU o Brasil- o no combatir abiertamente el cambio climático, que provoca cada vez mayores sequías, inundaciones y variaciones en las temperaturas que afectan gravemente a las cosechas. El gran misterio de las reservas de petróleo vuelve al debate: ¿cuánto tiempo más? ¿A qué precio mientras dure? Parecemos abocados a la escasez de petróleo, alimentos y agua: el gran problema que debe tratarse para reorganizar un planeta que sea mejor y habitable en una década.

4. El problema ambiental se agrava y llegan prórrogas pero no soluciones. Superado el negacionismo en lo referido a la relación de causa efecto entre las emisiones de CO2 y el calentamiento del planeta, lo que no llegan son acciones claras. El cambio climático afecta diariamente a toda la humanidad pero golpea a cientos de millones de personas vulnerables cada día: no es un asunto de osos polares sino de personas pobres. Perjudica las cosechas, amplía el desierto, hace aumentar los fenómenos climáticos extremos. Un cambio hacia una economía más limpia en uso de energías fósiles, y un compromiso para que el que contamine, pague –hay efectos, luego no debería ser gratis- son tareas para esta década.

5. Regreso al debate entre crecimiento y desarrollo humano. Si en los últimos 20 años se había alcanzado el consenso de que era necesario repartir mejor la riqueza –aunque no se hiciera- y que debían ir de la mano mayor producción con mejores condiciones de empleo, más derechos sociales, educación y salud, todo ello hoy se está volviendo a discutir. Europa en primer lugar está impulsando un debate que busca el interés propio y da la espalda al mundo pobre: queremos exportar más como sea. Austeridad, reducción del déficit, recortes sociales, búsqueda de mercados a cualquier precio. Una senda arriesgada pero que aparece como amenaza para esta década, a que la nunca deberíamos dejar parecerse a los treinta del siglo XX.

Pero los shock son momentos de oportunidades. El final de la Segunda Guerra Mundial trajo las Naciones Unidas, el estado de bienestar y la paz en Europa y la construcción de un proyecto político impensable años atrás. Es sólo un ejemplo: debemos aprovechar las oportunidades que también brinda un mundo en crisis.

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