2009, Año crucial

No es sencillo pensar qué va a pasar en el año 2009 en la escena internacional, en las relaciones entre países y sus efectos sobre el mundo en desarrollo, pero merece la pena el intento.

Si miramos la esfera financiera, parece claro que la crisis de liquidez –de dinero en manos de los bancos para prestar- continuará, y ello castigará con fuerza a las economías avanzadas y a la mayor parte del mundo en desarrollo. Es decir, no va a haber nuevo crédito, y ello anuncia que muchos países en desarrollo podrían entrar en problemas de desarrollo y para pagar sus deudas internas y externas. La anterior ocasión en que el mercado financiero se secó, 1982, trajo una gran crisis para el mundo en desarrollo y para los bancos que arriesgaron demasiado. En este caso, son también los fondos colectivos de pensiones o de inversión, es decir, millones de ciudadanos que no saben bien en dónde pusieron sus ahorros los dueños de la deuda. Cuando el dinero escasea, los prestamistas “de última instancia” como el FMI se vuelven más importantes, así que su reforma y la reorientación de sus políticas es prioritaria.

En el campo comercial, la Ronda del desarrollo de Doha, esa negociación entre países ricos y pobres sobre apertura comercial, parece haber llegado a vía muerta. Es difícil pensar en que vaya a producirse una reactivación de un posible acuerdo, con los países ricos más preocupados por evitar el cierre de sectores industriales que precisamente compiten con el mundo en desarrollo –el automotriz es el ejemplo más visible-. En todo caso, cabe esperar más recelos desde los países ricos a las exportaciones de los países en desarrollo, cerrando aún más las fronteras a sus productos.

En la dimensión migratoria, aunque los factores de oferta –las razones para salir- siguen intactos, los de demanda o atracción han caído considerablemente, así que puede esperarse una presión migratoria menor. Cabe el temor a que en los países ricos aumenten las políticas represivas y de expulsión de los migrantes irregulares ahora que no son funcionales a un ciclo alcista con alta demanda de mano de obra.
En lo que se refiere a los alimentos básicos y la crisis de precios que vivieron en 2008, llevando al hambre a 75 millones de personas más y empobreciendo la dieta diaria de 300 millones de pobres, la crisis económica ha aliviado algo la tensión. Pero es más necesario que nunca encaminarse a un gran acuerdo para garantizar precios estables y un abastecimiento regular y suficiente al mundo en desarrollo, entendiendo que el derecho a la alimentación está por encima de todo, en particular de las dinámicas de mercado. En 1944, Keynes propuso sin éxito anclar los precios de 20 productos básicos a una moneda mundial: una propuesta recuperable, para que el nuevo tiempo que se abre ofrezca mejores perspectivas para los más vulnerables.

Por último, 2008 nos ha dejado evidencias de que el modelo de acumulación basado en el desarrollo acelerado de los mercados financieros y el elevado consumo de energía de fuentes fósiles ya no tiene recorrido. El consumo como lo hemos vivido en los últimos 20 años no parece sostenible ni ambiental ni económicamente, aunque deja abierta la cuestión sobre el modo en que una nueva economía que consuma poco CO2 y no se sustente en patrones de consumo masivo y superfluo se sostenga a medio plazo ofreciendo empleo y manteniendo –allí donde tenemos esa suerte- el estado de bienestar.

2009 va a ser un año clave para las próximas décadas y en él se establecerán las bases para un mundo más equilibrado y vivible o se profundizarán los desequilibrios de los últimos 25 años.

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