Zimbabue: misioneros contra la crisis

Zimbabue es uno de los muchos países africanos que pocos saben situar en un mapa mudo del continente. Con muy escasa relación económica, política e histórica con España, el país continúa su camino salpicado de problemas que lastran su presente y condicionan su futuro. La grave crisis económica con la que se inició el siglo XXI, a raíz de la necesaria pero fallida reforma agraria, terminó en la dolarización del país y en miles de zimbabuenses que emigraron a los países del entorno. Me cuentan que los índices de desempleo llegan al 80% y que las empresas van cerrando una tras otra. Lo cierto es que las carencias que sufre la mayoría de la población son enormes y en todos los aspectos básicos: sanidad, educación, infraestructuras, etc.

- El misionero burgalés Juan José Alarcia llegó a Zimbabue hace nada menos que 46 años. Foto. R.O.

Recorro el noroeste de Zimbabue y me encuentro con tres personajes cuyas vidas están marcadas por el compromiso y la entrega a los demás: la hermana Constancia Mutizira y los misioneros Juan José Alarcia y Lola Pérez. Una zimbabuense y dos españoles que llevan adelante proyectos de desarrollo en un país que necesita gente honrada, como ellos, que lideren iniciativas para el bien común.

A un par de horas de camino desde la ciudad de Gokwe, la hermana Constancia me lleva a conocer un proyecto que está funcionando muy bien durante los últimos años. Se trata de un proyecto agrícola apoyado por la ONG Manos Unidas en la misión de Sengwa. ¿Qué se ha hecho? Pues crear unos huertos comunitarios y formar a las mujeres en nuevas técnicas agrícolas. ¿Por qué? Porque se trata de familias campesinas con una pobre agricultura de subsistencia que han visto cómo la falta de lluvias, la mala calidad de las semillas y la crisis del país está cayendo sobre sus vidas como una losa.

Me lo cuenta la hermana Constancia: “La gente estaba muy hambrienta. Especialmente las familias más vulnerables, las formadas por personas mayores y que cuentan con muchos huérfanos a su cargo y no tienen forma de cuidarlos”.

- Lola Pérez Carrasquilla cumplió en Zimbabue el sueño de unir su trabajo de enfermera con su vocación de misionera. Foto. R.O.

Cuando la hermana habla de los huérfanos se refiere a los cientos de miles de niños y niñas a los que el sida ha dejado sin padres en la última década en Zimbabue. Con la producción de los huertos se está proporcionando alimento a 210 familias incluyendo huérfanos, personas enfermas y ancianas, con lo que unas 1.600 personas se están alimentando adecuadamente. Calabazas, coles, acelgas, cebollas, alubias, tomate, maíz, patatas y zanahorias han llegado, por fin, a las casas de la gente de Sengwa.

A más de 300 kilómetros de Sengwa se encuentra la población de Dete. Aquí, a la orilla de un pequeño embalse en las afueras de la ciudad, he quedado con Juan José Alarcia, un misionero burgalés que llegó a Zimbabue hace nada menos que 46 años. Juan José pertenece al IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y ha coordinado el proyecto que la diócesis de Hwange acometió hace pocos años: la reconstrucción de una presa que se había hecho en los años setenta pero que, con el tiempo, se vino abajo. Esta zona no es precisamente rica en agua. La diócesis se había planteado la necesidad de hacer esta obra con dos objetivos principales: que se puedan recargar y recuperar los acuíferos y que el agua embalsada sirva para el ganado de las familias que viven cerca. Según el ministerio de Agricultura, el pasado año 16.000 cabezas de ganado murieron por la sequía.

“Antes de que se construyera esta presa íbamos a la de Ningassa, a cuatro kilómetros y medio de aquí, lo que suponía nueve kilómetros todos los días. Mucho camino para el ganado”, me cuenta George, un ganadero que ha visto el cielo abierto con la nueva presa.

Algo parecido sucede con las mujeres del cercano poblado de Chesú, que ahora van al pozo con la seguridad de que van a encontrar agua y en buenas condiciones. Es el caso de Shantoni o de la joven Silungile, que tiene suerte porque el pequeño huerto en el que cultiva sus productos está cerca del pozo. Aún así, no se libra de varios viajes al día para regarlo. Gracias a la actual abundancia de agua, la familia de Sinlunguile consigue vegetales frescos que ayudan a su salud.

Viendo a Silunguile y a Shantoni acudo a esos datos que recuerdan que de los 748 millones de personas sin acceso a agua potable, el 43% vive en el África subsahariana, es decir, nada menos que 325 millones. Y, lo que es peor, que el 36% del abastecimiento de agua en las zonas rurales del continente puede fallar en cualquier momento.

- Con la producción de los huertos se está proporcionando alimento a 210 familias. Foto. R.O.

La última cita que tengo prevista es con una de las misioneras españolas más veteranas en la región: la cordobesa Lola Pérez Carrasquilla. Lola llegó a Zimbabue en 1982 y desde entonces ha recorrido esta zona del noroeste cumpliendo su sueño de unir su trabajo de enfermera con su vocación de misionera.

Lola vive ahora en un orfanato que han abierto hace un par de años en Binga. Pero una caída que le produjo la fractura de la cadera la tiene de reposo en Dete. Me la encuentro en una residencia de ancianos que la Congregación abrió para quienes habían venido en su día a trabajar a las minas de Hwange y, con el paso del tiempo, se vieron solos y mayores. En la residencia hay plazas para 43 personas pero no está al completo. Gracias al trabajo de la hermanas este grupo de ancianos tiene un hogar en el que pasar los últimos años de su vida.

Me voy de Dete y dejo a Lola, que necesita reposo para curarse de su fractura. Pero, eso sí, nos vamos encantados de haber conocido a alguien como ella, que desprende energía, vitalidad, vocación, entrega y esa honda sensación de que, allí donde está, es feliz con lo que hace.

Autoría

  • Ricardo Olmedo

    Licenciado en Ciencias de la Información, especialidad Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid y Máster “Especialista en Documentación de Televisión”, por la misma Universidad. Entró en TVE en 1995 y desde entonces es redactor y guionista de Pueblo de Dios. Sus primeros pasos en el periodismo los dio en Diario de Cádiz y en El Correo de Andalucía, antes de aterrizar en Madrid. Especializado en información socio-religiosa, ha colaborado en publicaciones en varias publicaciones: Familia Cristiana, Ecclesia, Reinado Social, Cáritas, Humanizar y Hospitalarias.

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