Enrique Martínez Lozano es psicoterapeuta, sociólogo, teólogo, animador de encuentros y autor de varios libros. Articula psicología y espiritualidad para el crecimiento humano. Utiliza la meditación como experiencia profunda para vivenciar la unidad y superar toda separatividad y dualidad.

¿Quién es Enrique Martínez Lozano? ¿Cuáles son los principales rasgos de su búsqueda y de sus pretensiones actuales?

Soy una “forma” más en que la vida se expresa y soy esa misma vida que somos todos. No tengo ninguna pretensión, tampoco busco nada; me siento habitado por el anhelo de rendirme por completo a la vida que somos, lo cual requiere que mi yo se quite de en medio. En ese aprendizaje estoy. Somos hijos de la modernidad y de ella hemos aprendido que las personas ya no podemos prescindir de la racionalidad y la autonomía. Lo que no es razonable no puede sostenerse y no hay nadie “fuera” que maneje nuestros asuntos.

Este paradigma cultural, esta manera de ver las cosas, ¿qué ha significado para la liberación de la humanidad? ¿Qué limitaciones ha supuesto para acceder al conocimiento y a la verdad?[quote_right]“Lo que somos es consciencia”[/quote_right]

La modernidad supuso un momento más en la evolución de la consciencia, caracterizado por la racionalidad y la autonomía. Tanto el “espíritu crítico” como la llamada a la “mayoría de edad”, a que alude Kant, resultan una adquisición irrenunciable si no queremos volver a la irracionalidad y a la sumisión infantil. La trampa de la modernidad –o su límite- radica en la absolutización de la razón: si bien es cierto que todo tiene que ser razonable, no lo es que solo sea racional. De hecho, la verdad –como la realidad misma- es trans-racional. La modernidad se equivocó al absolutizar la razón y el yo, olvidando la consciencia y colectivamente estamos aún atascados en aquel enredo.

Cada cual construye un yo para desarrollar su personalidad, a veces un ego muy poderoso. ¿Es esa una necesidad? ¿Se paga algún precio por ella?

Lo que llamamos yo nace con la mente. Pero, en realidad, el yo no es nada más que el centro operativo de nuestra vida mental y emocional. Evidentemente, necesitamos construirlo y cuidarlo. El error –fuente de confusión y de sufrimiento- se produce cuando nos identificamos con él: mente, yo, es solo algo que tenemos; y consciencia es lo que somos. A cualquiera que investigue le quedará claro que, como dice Fidel Delgado, “eso del yo es una broma”.

Usted habla del “final del estado egoico de la conciencia” y de la llegada del “nivel transpersonal”. ¿Qué quiere decir eso de “la mirada transpersonal” o de “vivir una experiencia transpersonal”?

Justamente eso: la mente, el yo, la persona… no es el final. Esas realidades son solo “objetos” dentro del campo de la consciencia. Por más que se resistan quienes han crecido en el “personalismo”, filosófico o religioso, la realidad es siempre “trans”: se halla siempre “más allá” (en realidad, más acá, porque lo “trans” es lo más profundo e íntimo) de todo lo que podamos nombrar: la mente es una herramienta, el yo es el centro psíquico, la persona es el “papel” con el que la consciencia, la vida, se disfraza.[quote_left]“La física cuántica concluye que las cosas no son lo que parecen y cuestiona la perspectiva dual de conocimiento”[/quote_left]

Usted en sus escritos y charlas invita a “otro modo de ver y de vivir” y a superar el modelo dualista, cartesiano, de conocimiento que considera agotado. ¿Puede explicar qué es eso del dualismo?

El dualismo es solo una creencia errónea que nos hace pensar que la realidad es una suma de objetos separados. Pero la realidad es solo una. No existe nada separado de nada. Tú y yo, por ejemplo, somos no-dos: no somos iguales, pero somos lo mismo. Y es una buena noticia que la misma ciencia nos lo haga ver.

Martínez Lozano abrió, con una charla y un taller, el curso en el Foro GOGOA. Foto: Iñaki Porto¿Qué signos, evidencias o líneas de investigación –por ejemplo, en la física cuántica o la neurociencia- encuentra usted en el tiempo actual que indiquen que el modelo dual de cognición se está agotando?

La ciencia habla ya de dos diferentes niveles de lo real: el aparente –el mundo de las formas, que nos entra a través de los sentidos neurobiológicos- y el cuántico, lo que le lleva a concluir que “las cosas no son lo que parecen” y a intuir un nivel todavía más profundo al que designa como “campo unificado de consciencia”, del que estarían brotando los otros dos. Es significativo que la nueva física, apenas se acerca al mundo de las partículas subatómicas, descubre que el “modelo mental” (dual) es insostenible: por una parte, el llamado “sentido común” salta por los aires; por otra, se ve obligada a adoptar la visión no-dual.

¿Qué significa “conocer por identidad”, conocer algo porque lo somos?

La única forma posible de conocer todo aquello que no es objeto. De hecho, si te piensas, te verás como un “objeto”. Solo podrás saber quién eres cuando lo seas. Por decirlo brevemente: no conocemos quiénes somos pensando –la mente, una parte de quien soy, no puede saber quién soy-, sino únicamente siéndolo. Este es el conocimiento por identidad.

Usted realiza una continuada práctica meditativa. ¿En qué consiste básicamente? ¿Precisa entrenamiento? ¿Qué beneficios le produce?

La práctica meditativa es el entrenamiento –“gimnasia sagrada”, la llama el psicólogo José María Doria- para acallar la mente y no reducirnos a ella. Se experimenta que tenemos mente, pero no somos la mente y nos va haciendo diestros en vivir en coherencia con esa nueva consciencia que se regala en el conocimiento transmental o silencioso.

[quote_right]“La realidad no es una suma de objetos separados. La realidad es solo una; no existe nada separado de nada”[/quote_right]

¿Meditar significa apartarse de la realidad o de lo social?

Meditar –lo dice uno de los sentidos de la misma palaba: med-itari, “ir al centro”- no solo no es apartarse de la realidad, sino llegar a su corazón. Esto no niega, sin embargo, que, como en todo lo humano, también aquí puedan darse ambigüedades y engaños, como cuando se hace de la práctica meditativa una especie de refugio narcisista frente a una realidad que no se quiere afrontar. Pero ahí no hablaríamos de meditación, sino de “escapismo espiritual”. En su sentido más hondo, la meditación no es una práctica, sino un estado de consciencia caracterizado por la percepción de la no-dualidad, que lleva a reconocer: “Yo soy todas las cosas”. Como es sabido, esta es una expresión de Jesús de Nazaret –está recogida en el evangelio de Tomás– y es compartida por toda persona que ha vivido una experiencia de “despertar”.

Cree usted que “solo hay vida en el presente” ¿Qué quiere decir con eso?

El presente no es algo cronológico –eso sería solo un instante fugaz-, sino aquello que contiene el tiempo. En este sentido, podría hablarse quizá mejor de presencia y sería una realidad equivalente a consciencia y a vida.[quote_left]“Solo hay vida en el presente. Pero ese presente no es algo fugaz y cronológico sino, más bien, una presencia”[/quote_left]

¿Dónde podemos encontrar el sentido de la vida?

El “sentido de la vida” no es algo añadido, como tampoco es algo que nos faltara. Si me permites una alusión personal, podría decirte que pasé muchos años buscando, ansiosa y dolorosamente, el sentido de mi vida; cuando, finalmente, la consciencia se hizo luz en mí, comprendí y vi con claridad que la vida estaba llena de sentido. El sentido de la vida consiste en reconocerse uno con la vida y fluir con ella. Los poetas también saben verlo. Así se expresaba Rilke, en una de sus Cartas a un joven poeta: “Por lo demás, deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón”.

Volvamos al principio de esta conversación. Usted plantea que la pregunta esencial es: ¿quién soy yo? Pero, ¿cómo se la responde a usted mismo?

Me surge espontánea la respuesta que en alguna ocasión dio Jesús: “Yo soy la vida”. Y sé que esa es la respuesta adecuada para todo ser humano. No soy nada de aquello que pueda aparecer en el campo de la consciencia, sino la consciencia misma (la vida) en la que todo aparece. Y de ahí brota precisamente la única certeza a la que podemos tener acceso, en la que se asientan la seguridad y la confianza: la certeza de ser. La única certeza que se mantiene en pie cuando todas las ideas o creencias han caído. No necesitamos más.