Un grupo de turistas observando un tigre en el Parque Nacional de Bandhavgarh, India, sirve de ejemplo para comprobar el impacto que esta actividad tiene en el medio natural. Los pueblos indígenas y tribales están siendo expulsados ilegalmente de sus tierras ancestrales en nombre de la “conservación”. Es una violación intolerable de sus derechos humanos pero es, además, un gran error, porque ellos son quienes mejor cuidan de la naturaleza, su hogar. Su forma de vida se adapta como pocas al nombre de esta sección (Con los pies en la tierra). “El medio ambiente no es algo separado de nosotros. Estamos dentro de él y él está dentro de nosotros. Nosotros lo creamos y él nos crea”, dice Davi Kopenawa, perteneciente al pueblo yanomami de Brasil.

La trampa de la “conservación”

Algo funciona mal cuando, en nombre de la “conservación” –y con el apoyo de algunas organizaciones conservacionistas– se crean parques naturales en tierras de las que se ha expulsado a sus habitantes ancestrales. ¿Se trata de eliminar toda influencia humana y proteger el medio natural? La respuesta es no, a la vista del uso que se hace de esos parques, abriéndolos al turismo y a la potente industria que lo sostiene o a actividades tan insólitas como una mina de diamantes.

En la India hay una Ley de Derechos Forestales que reconoce los derechos de las comunidades tribales a permanecer en su tierra y a cosechar sus recursos, incluso cuando haya sido convertida en una zona de conservación. No se cumple. En la turística Reserva de Tigres de Kanha, los pueblos tribales están siendo expulsados violentamente de sus tierras con la excusa de la conservación de los tigres. Terminan malviviendo fuera de su tierra en condiciones de miseria, mientras presencian cómo los vehículos turísticos la atraviesan en busca de tigres y cómo se construyen nuevos hoteles en los mismos territorios de los que han sido expulsados.

Los pueblos indígenas han convivido con los animales desde tiempos inmemoriales. ¿Alguien puede pensar que los tigres se ven perturbados por su presencia y no por las multitudes de turistas que se acercan a observarlos?

En Camerún, gran parte de la tierra ancestral de los bakas ha sido designada parque nacional o adjudicada a compañías de safaris de caza. Los bakas han sido despojados de todos los derechos que tenían sobre ella. Teóricamente tienen permiso para entrar en determinadas zonas del parque, pero en la práctica los guardabosques no les dejan.

El pasado mes de octubre, Survival Internacional sacaba a la luz los abusos cometidos contra los bakas a manos de patrullas “anti caza furtiva”, apoyadas y financiadas por la organización Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). La denuncia ocasionó una fuerte polémica.

En Botsuana, los bosquimanos de la Reserva de Caza del Kalahari Central también han sido expulsados ilegalmente de su tierra. La prohibición de cazar los obliga a trasladarse a los campos de reasentamiento gubernamentales o “lugares de la muerte”, como ellos y ellas los llaman. Sin embargo, las haciendas privadas de caza están exentas de la prohibición.

La reserva se encuentra en medio de la zona más rica en producción de diamantes del mundo. Según el Gobierno, la expulsión de la población bosquimana está motivada por la conservación, que no parece verse afectada por una mina de diamantes que se abrió en su interior en 2014.

Os recomiendo la campaña de Survival Internacional “Los parques necesitan a los indígenas”. Buena información, imágenes, vídeos, testimonios y algo que siempre me gusta: propuestas para actuar.

www.survival.es/parques