En el número de alandar del pasado mes de junio, en un magnífico reportaje de Irene López sobre el periplo que atraviesan las personas refugiadas para llegar a las costas griegas, una imagen resultaba especialmente dura y dolorosa. Era la historia de una madre que “bajó de la patera acunando a su bebé, acunándole nerviosamente y solo a la luz de los faros de los coches se dio cuenta de que estaba inerte, de que estaba acunando un cuerpo frío e inmóvil”.

¿Cuántos bebés con días, semanas o meses hacen ese viaje escapando de la guerra? ¿Cuántos huyen de los disparos y el terror, de una muerte segura bajo los escombros que dejan las bombas? ¿Cuántos Aylanes como el pequeño yacente en la arena de aquella foto que impactó al mundo en septiembre de 2015? Esa fue precisamente la imagen que inspiró a una joven estadounidense, Cristal Logothetis, a poner en marcha el proyecto Carry the Future: una iniciativa para enviar mochilas de porteo a las familias refugiadas.

Mejor como los koalas

Campaña de recogida de portabebés para el transporte de niños refugiadosEl porteo de bebés se está recuperando cada vez más en occidente como forma de crianza. Hay quien dice que los humanos, como mamíferos, nos parecemos más a un koala o a un canguro que a una vaca o a un león. Terneros y leoncitos nacen capaces de ponerse de pie y correr despavoridos a cuatro patas. Nosotros, en cambio, nacemos desvalidos y durante muchos meses somos completamente dependientes de un adulto que nos cuide. Como si fuésemos una especie de marsupiales sin bolsa, una de las mejores maneras que tenemos las personas de cuidar a nuestros bebés es llevarlos encima. En África o en América Latina no se han olvidado de esta realidad humana y es bien conocida la imagen de las madres porteando a sus bebés en coloridas telas o en fulares tejidos.

El calor del cuerpo del adulto hace que la temperatura del bebé se estabilice y la cercanía constante facilita que el mayor pueda ser consciente en todo momento del estado y necesidades del pequeño. Además, tener libres las manos da mucha más agilidad de movimientos al adulto que portea. Por eso, Cristal Logothetis vio claramente cómo las mochilas podrían ser útiles en el viaje de los refugiados a través de condiciones adversas y entornos peligrosos. Llevar al bebé en una mochila o un fular, en lugar de cargarlo en brazos, podría salvar vidas.

Fue así como comenzó a recoger mochilas de porteo usadas y a recaudar fondos para poder distribuirlas. En tan solo dos semanas el éxito desbordó la iniciativa y Cristal había recogido 3.000 portabebés y más de 42.000 dólares. Cuando Carry the Future cumplió un año el pasado septiembre, las mochilas donadas ya eran más de 13.000 y el proyecto se había extendido para ofrecer también kits con una pequeña cuna, pañales, un arrullo, una mosquitera, ropa y artículos de higiene para las madres que se ponen de parto en los campos de refugiados. Porque la nueva vida no entiende de guerras y se abre paso incluso en las condiciones más desfavorables.

Portabebés como catalizadores

En España dos madres donostiarras, Nagore García de Vicuña y Marian Bernal, pusieron en marcha una iniciativa similar bajo el lema “Portabebés para Siria”. A través de más de ciento veinte puntos de recogida en todo nuestro país han reunido 3.000 mochilas usadas que se han enviado a Siria a través de la Asociación de Ayuda al Pueblo Sirio (AAPS).

La campaña ya ha finalizado porque las condiciones en Siria se han recrudecido y resulta difícil hacer seguimiento a los envíos. Y en los campos de refugiados las familias se están quedando atascadas en su viaje y, al no tener que hacer largos desplazamientos, los portabebés ya no son tan necesarios.

Sin embargo, al hacer balance, Nagore nos cuenta que para ellas una de las cosas más importantes “es cómo se movilizaron en muchos municipios campañas para recoger otro tipo de materiales: en Asturias, en Galicia, en Cádiz, en León se hicieron campañas grandes”. La recogida de portabebés “enganchó” a mucha gente y fue el catalizador para despertar la solidaridad. Algunas personas, en su gran mayoría mujeres, se plantearon a raíz de la recogida de mochilas: “Si puedo hacer esto, puedo hacer algo más y movilizaron a su entorno”, recuerda Nagore.  “En algunos sitios se hicieron recogidas espectaculares de ropa, mantas materiales, los portabebés fueron el detonante”.

En este momento la recogida en España está cerrada, por lo que las personas que quieran donar sus portabebés usados solo podrían hacerlo a nivel puntual a través de AAPS. Pero conviene mantenerse alerta porque, en este convulso mundo que nos toca, tal vez haga falta esa mochila para dar calor y seguridad a otros bebés, en otros entornos hostiles. O para desencadenar otra solidaridades. Mientras la injusticia estructural siga vigente seguirán haciendo falta iniciativas pequeñas para cambiar vidas de gente pequeña, calladamente, paso a paso y abrazo a abrazo.