La obligación de realizar auditorías energéticas se puede quedar en un mero trámite o, por el contrario, puede suponer una oportunidad de mejora en el uso de la energía y de ahorro económico.
El 13 de febrero de 2016 se publicó el Real Decreto 56 que obliga a realizar una auditoría energética antes de nueve meses a aquellas entidades que cuentan con más de 250 empleados. La auditoría energética es un procedimiento que permite a las organizaciones conocer su situación respecto al consumo de energía y que propone y cuantifica diversas medidas de ahorro. Su publicación es fruto de la transposición de una Directiva Europea en materia de eficiencia energética.
Desde el año 2013, cada vez que se alquila o se vende un inmueble, es necesario entregar su certificado energético. Se trata de una etiqueta que califica a los inmuebles en una escala de letras similar a la que tienen los electrodomésticos. Nos proporciona información acerca de cómo va a comportarse en cuanto a su consumo energético. De momento, se trata de un trámite más al que apenas de presta atención.

El certificado energético nos permite comparar el comportamiento energético de los edificios a un nivel teórico, independientemente de cómo se utilicen. La auditoría energética nos proporciona unos datos más reales, al tener en cuenta tanto el edificio como su utilización.
En ambos casos no deja de tratarse de un primer paso informativo que no obliga a nada más. Si bien es cierto que una auditoría energética te permite conocer medidas a implantar cuyo coste se recupera en un corto período de tiempo y que resultan muy atractivas desde una perspectiva meramente monetaria. Es razonable esperar en un futuro nuevas medidas que favorezcan aquellas construcciones y organizaciones que contaminen menos y consuman menos energía, frente aquellas otras más derrochadoras que se verán penalizadas u obligadas a renovarse.
El papa Francisco, en el número 180 de la encíclica Laudato si’, nos dice que “… siempre hay mucho por hacer, como promover las formas de ahorro de energía. Esto implica (…) formas de construcción y de saneamiento de edificios que reduzcan su consumo energético y su nivel de contaminación”. La Fundación Escolapias Montal, sensible al cuidado de la casa común, no ha esperado a que llegara la obligación legal para ponerse manos a la obra. Movida por una inquietud de no degradar innecesariamente el planeta, ya ha realizado una auditoría energética en la mitad de sus centros docentes.
Es cierto que cuando alguien te audita, te sientes examinado. Facilitas una información para que otra persona te diga cómo lo estás haciendo. Normalmente, no tenemos consciencia de estar comportándonos de una manera poco adecuada. Solemos pensar que no derrochamos energía, que somos unas personas y unas entidades sensatas. Pero una vez superada esta primera sensación de vergüenza -por un lado- y de buena autoimagen por otro, los datos nos facilitan una muy valiosa información. Se trata de un espejo en el que podemos ver reflejada nuestra realidad sin autocomplacencia. Salen a la luz nuestras virtudes y nuestras limitaciones.
También es cierto que la gestión de un centro docente está sobrecargada y deja poco tiempo libre para tareas adicionales. Aunque a veces se van tomando decisiones en función de informaciones que llegan con el sesgo de intereses comerciales y sin una visión global. Lo mismo sucede en un hogar. El bombardeo de ofertas, algunas relacionadas con el consumo de energía, es incesante. Y el ritmo de vida que llevamos es acelerado.
Una vez que somos conscientes, toca ser consecuentes. En este sentido, la auditoría energética permite trazar un plan a largo plazo en el que se puede priorizar la implantación de aquellas medidas más convenientes según los criterios a los que se les dé mayor peso: periodo de amortización más rápido, inversión necesaria acorde con la capacidad financiera, reducción de las emisiones de CO2 o sectorización de las intervenciones por partes del edificio, entre otras. Ofrece una visión global.
Todavía queda camino por recorrer. Lo que no cabe duda es que la Fundación Escolapias Montal se ha anticipado en la “mejora integral en la calidad de vida humana (…) analizando el espacio donde transcurre la existencia de las personas” (Laudato si’, 147) para lograr hacer el planeta más habitable para todos.
@jorgegallegoST
