¿Podemos vivir sin plástico? Es una pregunta que rara vez nos hacemos e, incluso, extraña para muchos. ¿Y por qué deberíamos hacerlo? Es difícil imaginar la vida cotidiana sin la cantidad de objetos que están fabricados, en parte o en su totalidad, por este material.
Los plásticos nos hacen la vida más fácil: baratos, dúctiles, fáciles de limpiar, biodegradables… y se pueden reutilizar y reciclar. Además, son muy ligeros y apenas requieren mantenimiento (ni se oxidan ni se pudren) y, por tanto, ideales como materiales de construcción e imprescindibles para el aislamiento y el sellado, lo que es una gran ayuda para mejorar la eficiencia energética y reducir las emisiones peligrosas de C02. Se utilizan en las tuberías por donde corre el agua corriente y las aguas residuales y en las ventanas de plástico para asegurar que no escape el calor ni el frío y que no entre el ruido. Incluso para la producción de energías renovables, los plásticos hoy por hoy son imprescindibles… ¡Bien, no podemos vivir sin plásticos! Entonces, si son tan beneficiosos, ¿por qué, siquiera, hacerse la pregunta? ¿Qué se nos oculta o se nos escapa?
[quote_right]La amenaza proviene de una producción y uso excesivo e irresponsable y de la peligrosidad de algunos de sus aditivos[/quote_right]
Empezaremos porque las mismas cualidades que hacen de él un producto adaptable y duradero también lo convierten en una pesadilla para el medioambiente, capaz de mantenerse en el suelo y en el agua durante más de 500 años. La amenaza proviene de una producción y uso excesivo e irresponsable y de la peligrosidad de algunos de sus aditivos. Los científicos están particularmente preocupados por la prevalencia cada vez mayor de microplásticos diminutos (menores de 5 milímetros) que, al no ser filtrados en las plantas de tratamiento de aguas residuales, tienen efectos muy nocivos para personas, animales y plantas y mortales al ser ingeridas por muchos animales marinos.
La pregunta inicial es lícita porque su nivel de hiperconsumo está poniendo en riesgo nuestra propia vida, la de muchos animales y la salud global del planeta entero.
Algunos datos sobre el plástico nos pueden ayudar a poner en contexto el problema:
- Siendo un material muy reciente (el químico Leo Hendrik Baekeland sintetizó en 1909 un polímero considerado el primer plástico artificial), en un siglo nos rodea de forma casi ubicua.
- 280 millones de toneladas de plástico se producen a nivel mundial cada año y sólo un pequeño porcentaje es reciclado, una buena parte termina en los océanos del mundo con enormes daños ambientales a los ecosistemas marinos. Además, los plásticos más usados no son biodegradables en el medio marino (Informe PNUMA, 2014).
- Cada familia utiliza una media de 5’4 bolsas de un solo uso a la semana (un millón de bolsas de plástico consumidas por minuto en todo el mundo). Una vez depositada en la basura, tarda cientos de años en descomponerse.
- Si nos detenemos en España, hay que decir que somos el primer productor de bolsas de plástico de un solo uso de Europa y el tercer consumidor. Generamos casi 100.000 toneladas de residuos plásticos al año y consumimos 240 bolsas de un solo uso al año por persona (13.500 millones de bolsas al año, de las que se recicla solo el 11%).
- En Davos se ha presentado el estudio La nueva economía de los plásticos, que concluye que cada año terminan en los mares y océanos del mundo ocho millones de toneladas de residuos plásticos, 34 veces el área de la isla de Manhattan.
- Un último y llamativo dato: si se mantienen los ritmos de contaminación, dentro de diez años habrá una tonelada de plásticos por cada 3 toneladas de peces y en 2050 el peso de los residuos será superior al de todos los peces del planeta.
[quote_right]Somos el primer productor de bolsas de plástico de un solo uso de Europa y el tercer consumidor[/quote_right]
Pequeñas decisiones
Si analizamos nuestro consumo cotidiano, podemos caer rápidamente en la cuenta de cómo estamos invadidos por los plásticos (interesantes los artículos de Marion de La Porte en Soy Responsable) y, a partir de ahí, en aras de lo que se ha venido a llamar economía circular (que los residuos vuelvan como recursos al ciclo productivo en forma de nutrientes biológicos o técnicos), tomar muchas pequeñas decisiones:
- Comprar menos (consumo minimalista).
- Reducir la cantidad de objetos hechos de plástico en nuestra casa (hay plástico justificable, pero éste podría llegar a ser muy limitado).
- Comprar más a granel y evitar el «sobreempaquetado».
- Reducir el plástico en nuestro aseo personal y en los artículos de belleza.
- Decir prácticamente adiós al uso de bolsas de plástico.
Mejorar la producción y reciclar
Si nos fijamos en la industria, vemos que hay una proliferación de formatos y que los nuevos materiales se implantan mucho más rápido que los correspondientes sistemas para la reutilización. Además, también su tratamiento presenta deficiencias: a nivel global, sólo un 14% es reciclado; un 40% termina en vertederos y un 32% termina en ecosistemas frágiles como los océanos (datos del citado estudio de Davos).
La solución pasa por una revisió del sector industrial, por mejorar la tecnología de fabricación, por medidas políticas efectivas de protección ambiental y por un consumo responsable.
[quote_right]Dentro de diez años habrá una tonelada de plásticos por cada 3 toneladas de peces[/quote_right]
La tecnología siempre puede echar una mano. El reciclado químico (proceso mediante el cual las moléculas de los polímeros se rompen, dando origen nuevamente a materia prima básica que puede ser utilizada para fabricar nuevos plásticos) está en una etapa experimental avanzada. Sin embargo, para ser exitoso debería haber un entendimiento entre todos los actores de la cadena: petroquímicas, transformadores, grandes usuarios, consumidores, municipios… con el fin de asegurar la unidad de reciclado y que las materias primas lleguen a las plantas de tratamiento. El novedoso reciclado «biológico», bacterias que se alimentan de plásticos, resulta también una tecnología prometedora.
Islas de basura flotante
La contaminación por plástico de playas y mares es, tal vez, la señal más llamativa del problema, con esas islas de basura, enormes láminas de plásticos y microplásticos que rodean los giros oceánicos.
Limpiar los desechos marinos es caro e ineficaz. Recoger la basura en las playas o barrerla de la superficie del océano «no hace nada para solucionar el origen del problema», según Doug Woodring, cofundador de Ocean Recovery Alliance. Porque la verdadera solución está «en tierra» -en los productores y usuarios- y en los gobiernos, decisivos para regular para su uso, el empaquetado de los bienes de consumo y para crear la infraestructura para reciclarlos .
En suma: o aprendemos a vivir con mucho menos plástico y a gestionarlo mejor o, a pesar de sus bondades, se nos hará muy difícil convivir con él.
